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Recuerdo

Javier Peralta
5 Min de Lectura

LAGUNA DE VOCES

En la lluvia corre el viento que lleva los recuerdos de la infancia, la primera vez que su rostro apareció en medio de las flores que planté cuando fui adulto, casi viejo. Cuando por fin descubrí, al igual que todos los que ven cercana la estación de los adioses, que finalmente no hubo pasado, presente y futuro; sí en cambio un tiempo único donde perdimos la capacidad de asomarnos a lo que fuimos, por la necia idea de que nada se construye sin lo que fue y lo que será. 

Después de todo la fórmula era más simple, todo era asunto de abrir la ventanilla del tren, de hacer lo mismo con la puerta que comunicaba el vagón donde éramos niños, adolescentes, y el que adivina al hombre de pelo blanco y rostro serio. No era más que tener un poco, un mínimo de curiosidad.

Celebro amorosamente el cumpleaños de mis hijas, de mi hijo, de mi nieta, de cada una de las personas que me importan y les importo en esta vida, y por fin descarto la amargura, porque a más edad el tiempo se disminuye; no era así, nunca fue así, pero olvidamos con tanta facilidad, que nos enfrascamos en la vida simple y mundana de las ambiciones, de todo aquello que nunca sirvió para nada, como no fuera complicar la vida y cerrarnos los ojos ante lo simple.

Todos miramos en la lluvia, en las flores, en las diminutas formas de vida, que de pronto nos hacen comprender que somos un recuerdo eterno en donde logramos confirmar que nos conocíamos, que perdimos el recuerdo porque así lo deseamos, con tantas ganas de estacionarnos en un lugar que perdió la lluvia, las flores, las hojas de colores con que buscamos el camino del retorno, que dejó de existir.

Cada una de las personas que hemos conocido son recuerdos porque eso es eterno, lo demás finito, breve, siempre dispuesto a desaparecer.

Por eso causa tanta risa la pelea de los que quieren el poder para transformar un país, para ser justos como unos dioses, o para dejar todo como estaba y ser presa de la ambición y la locura. Seguramente ni a recuerdo llegan, y por eso su prisa por esculpir su nombre en donde sea, por rendir tributo a muertos que lo fueron porque se atravesaron a una bala perdida, un cartucho de humo, un segundo de maldita suerte. Y los que quedan por supuesto, que buscan hacer recuerdo eterno lo que no son, lo que nunca fueron.

Es más simple. Mirar un jardín cualquiera, un parque cualquiera, un bosque cercano, un principio de los recuerdos.

Amamos los recuerdos porque son el único testimonio de que estuvimos en alguna parte, incluso en el mundo, en la vida; que fuimos parte de algo. Y recordamos, todo es asunto de recordar, de hacernos el recuerdo que siempre soñamos a toda hora, en todas las noches de vigilia que esperamos por fin recordar nuestra propia historia.

Por eso dos personas se encuentran y nunca pueden dejarse. Porque los recuerdos muy rara vez se atraviesan uno con otro en el camino. Y si así sucede, descubrimos que todo está en una misma línea, es decir el pasado, el presente y el futuro. Y entonces la vida, la muerte, valen la pena, valen mucho la pena.

Asómate a la planta que crece en tu jardín, al agua que cae con frecuencia en estas fechas. Te verás como un recuerdo, sentirás que ha valido la pena, que es digno de felicidad tu recuerdo. Tu simple pero vital recuerdo.

Mil gracias, hasta mañana.

Correo: jeperalta@plazajuarez.mx

X: @JavierEPeralta

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