Persecusión

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Estamos exhaustos, aún no podemos recobrar el aliento, yo creo que fueron más de cinco cuadras que corrimos sin parar, hasta encontrar este espacio frío, húmedo, apestoso, pero que sirve muy bien de refugio.

Estamos intentando estabilizar la respiración, permanecemos en silencio, estáticos, no queremos emitir algún sonido que dé señal de donde nos encontramos.

Fue horrible lo que vimos, aún no entiendo cómo se nos ocurrió grabar, tal vez pensamos que nadie nos vería, creímos muy mal, fue un error, cuando estemos a salvo, espero que lo estemos, tendremos que pensar lo que haremos.

—¿Los habremos perdido? —cuestionó Emanuel susurrando.

—No lo sé wey, tendremos que esperar más tiempo —respondió de la misma manera Eduardo. 

Ese par son amigos desde el kinder, sus casas son cercanas y sus mamás también comparten amistad. Desde pequeños habían sido rebeldes, problemáticos y muy activos, no les gusta quedarse quietos, y con el transcurso de los años se han convertido en un imán de problemas.

—Dividanse, unos por allá y nosotros por acá, no deben estar tan lejos esos pinches chamacos —se escuchó el grito de un hombre maduro y después el sonido de las pisadas rápidas.

En el refugio pestilente, lo escucharon, y el nerviosismo y miedo lo percibían en la piel, mientras en su cabeza se imaginaban lo peor y lo que pasaría con sus mamás.

—No manches wey, ¿y si nos encuentran? Nos van a matar, pobre de mi jefa —dijo Emanuel.

—Ya cállate y mejor piensa lo que haremos cuando salgamos.

Pasaron más de dos horas, el miedo se convirtió en cansancio, y este en sueño, tan profundo que solo el drenaje los pudo despertar. Su mejor escondite fue un tubo de concreto, debajo de un puente pequeño y estrecho, por el que fluían desechos.

Ya con sus cinco sentidos, más calmados, con la luz del día, más gente deambulando, y al parecer a salvo, acordaron entregar el video a la policía a cambio de protección para ellos y su familia.

—Antes de ir con los polis, vamos a ver otra vez el video, para saber bien lo que vimos —propuso Emanuel y Eduardo asintió con la cabeza.

Al reproducir el contenido capturado, no podían creerlo, así no era como lo recordaban, nada tenía sentido, los habían perseguido y les habían gritado.

La grabación mostraba cuatro grandes perros destrozando un bulto, se notaba brotar algo parecido a las vísceras, un charco similar a la sangre, misma que tenían en su hocico, que pese a la oscuridad de la noche se percibía por la luz que emanaba la enorme luna que estaba posada encima de las bestias, y después solo gritos e imágenes cortadas que mostraban carros, calles y principalmente el piso.

—Yo creo que ya no vamos a la policía —dijo Emanuel.

—Y yo creo que no vuelvo a meterme de esas madres —aseguró Eduardo.

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