Memento
“Aquí mando yo, y este colmillo no lo tuve que
comprar… Hay que aceptar la verdad”
Aquí mando yo – Los Tigres del Norte
Mandar, del latín mandare que significa “encargar, confiar, ordenar”. A su vez, mandare se forma por la unión de: manus que significa mano y dare que se traduce como dar. Literalmente es “dar en la mano”. En su origen no implicaba dar órdenes, sino poner algo en manos de otro, confiarle una tarea, delegar una responsabilidad. El que manda, en el fondo, entrega poder, carga, deber.
Con el tiempo, mandare pasó de encargar a ordenar, y de ahí al sentido moderno de ejercer autoridad. El matiz cambió de confianza a jerarquía. La forma “mande” es el imperativo que literalmente significa “mande usted” u “ordene usted”.
Recuerdo un suceso de hace años. Mi tío me gritó: “Junior” -mi apodo casero-. A lo que respondí: “¿Qué?”. Él me dijo: “se dice mande”. Yo repliqué: “¿Por qué?”. Él apuntaló: “porque te estoy mandando”. Yo finalicé: “solo me llamaste y no tienes porqué mandarme, ni tengo porqué obedecer, si me pides las cosas por favor, quizá lo haga”. Las cosas se pusieron rudas después de eso.
Mande. ¿Por qué usamos esa palabra como respuesta? En la época colonial en México, se volvió una forma de responder a alguien de rango superior, “mande usted”, para mostrar sumisión o respeto jerárquico. Con el tiempo, se contrajo simplemente a “mande”, que quedó como una “cortesía”. No nació como humildad, sino como obediencia. Y aunque hoy lo usamos sin esa carga, su raíz está ahí, decir “mande” es decir “estoy a tus órdenes”. Con el tiempo tomó un giro; dejó de significar “ordene” para convertirse en una fórmula de respuesta equivalente a ¿qué dijiste?, te escucho o dime.
Para algunas personas al decir mande, no estás pidiendo una orden, sino demostrando escucha. en el habla cotidiana se volvió cortesía, atención, incluso respeto. Para algunas otras les -nos- incomoda, se siente como si implicara sumisión. Pero en el uso que se le ha dado, mande ya no obedece; atiende. Aunque personalmente sigo en desacuerdo con ello.
Y mientras que para algunos no es causa de extrañeza, para algunos extranjeros resulta inesperado. Particularmente prefiero no usarla, me desagrada, la he cambiado por: “dime”, “quiúbole”, “oigo”. Aunque de vez en cuando se me sale sin querer un “mande”.
Y quizás desde el emisor pueda parecer una cortesía, pero tal vez para el receptor, el no escucharla pueda parecer un desacato. y aquí es donde radica parte del problema, al menos para mí, me molesta e incomoda mucho que no me pidan las cosas de un buen modo. “no hay cortesía que sobre” es una frase que aprendí e hice mía. He tenido la fortuna de convivir con muchas personas. Lamentablemente algunas con cierta jerarquía, tienen una falla acústica, pues olvidan pedir las cosas por favor y toman un “mande” de manera literal, realizan mandatos como si tuvieran una falla de memoria y constantemente olvidan decir las palabras mágicas: “por favor”. Regularmente -pues soy un contestón- respondo: “¿a fuerza o por favor? porque lo haré de cualquier manera, pero puedo hacerlo de mal o buen modo”
La conseja de hoy
Procuremos tratar a las personas como nos gustaría ser tratados, una cortesía no nos quita nada, y puede redituarnos bastante. No porque alguien tenga la cortesía de decirnos “mande” debemos tratarle como si fuera una pertenencia. y cómo diría mi Awe: “No seas retobón, Mijito”




