Hijo I-II

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Memento

“Tuvimos un sirenito justo al año de casados, 
con la cara de angelito pero cola de pescado”
El sirenito – Rigo Tovar

La palabra hijo proviene del latín filius, que significa “descendiente” o “hijo”. En su paso al castellano atravesó varias transformaciones propias de la evolución del latín al español. Primero pasó por formas del latín vulgar como filio o fillo, y en el castellano medieval apareció como fijo. Con el tiempo, dos cambios fonéticos terminaron dando la forma actual: la f inicial latina se debilitó hasta convertirse en una h muda, y el grupo li evolucionó hacia un sonido más cercano a la j. Así, filius terminó convirtiéndose en hijo.

Papá, ¿para qué sirven los condones?

Para evitar este tipo de preguntas, hijo.

A mí, los niños me caen gordos, salvo algunas excepciones. Detesto los berrinches, me choca que les hablen como bobos, me pone de malas cuidarlos. A toda regla cabe una excepción, y esa es: mis hijos.

¿Por qué les cuento esto a manera de prólogo? Pues resulta que cuando me casé no deseaba tener hijos, mucho menos ser padre. Ah, porque hay una enorme diferencia. Tener hijos, casi cualquiera; ser padre significa tener un compromiso consigo mismo, ser coherente, congruente, comportarse lo mejor posible y aprender a ser feliz.

El mayor de mis hijos nació a pesar del uso de preservativos y anticonceptivos; ese 0.01 % de fallo existe. Fue un bebé sirenito, pues justo al año de casados -como cantaba Rigo Tovar- llegó a este mundo. Y en mi caso se conjugó en dos ocasiones. El menor tuvo una procreación similar, con un poco de chanchullo.

Al enterarme del primer embarazo sentí mucha emoción, pero también una gran preocupación. Leí unos cuantos libros, platiqué con amigos, me entrevisté con médicos, etcétera. Hay quien dice que no hay escuela para padres. ¡Patrañas! La vida es la institución que te enseña a ser padre desde que somos hijos; que algunos queramos o no aprender es otra cosa. Para el segundo, las cosas fueron un poco menos complicadas. 

Yo no quería ser padre. Pero ya estaba ahí y había elegido que no había otro camino para mí. Decidí ser padre. Mis hijos no están conscientes de toda la felicidad que trajeron consigo, no sólo para mí, sino también para mi familia. Pero también están conscientes de todo el trabajo que implica ser su padre.

No se confundan: estoy orgulloso de mis hijos. Orgulloso de ser el mejor padre para ellos, porque así es: soy el mejor de los padres. Quizá me equivoque en algunas cosas, pero seguro estoy: mejor padre no podían tener. Me la creo y lo creo. Si fallo, al menos lo haré con la cara al sol.

Cada que me preguntan si recomiendo tener hijos, les contesto: ¡No! ¡No tengan hijos!. ¡Sean padres!

Prepárense, disfruten su edad, diviértanse, estudien, y que todo ello esté enfocado en cómo serían siendo padres. Conozco a personas que tenían como meta tener hijos y ahora el ser madres o padres los ha frustrado. Ser padre es una responsabilidad que, si le preguntaran a mi versión dosmilera, contestaría: No quiero ser padre.

La conseja de hoy:

Este día es la fecha intermedia en el calendario entre las fechas de nacimiento de mis hijos. Y en verdad los amo con toda el alma. Hay días en que resulta agotador, en que quisiera tirar la toalla. Como digo yo: “Los hijos son como las flatulencias: solo se pueden soportar las propias”.

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