El camino de la sensatez

Más Leídas

RETRATOS HABLADOS

Todos tenemos una obligación con la conservación de la memoria real de una sociedad, en este caso la pachuqueña, la hidalguense, porque no hacerlo deriva en un futuro, si no trágico, sí proclive a caer en complicaciones por tropezar con la misma piedra una y otra vez. Tenemos la obligación de impedir a costa de lo que sea, los radicalismos absurdos que dividieron a la sociedad mexicana hasta los límites del enfrentamiento fratricida y sin sentido. Tenemos la obligación de nunca más creer en que de un lado son poseedores de razones absolutas, y del otro, de mentiras del mismo calibre. Sabemos que no es así, que nunca ha sido así.

Admiramos sin duda a personajes que de algún modo afectaron, para bien, nuestras propias existencias, porque percibimos inteligencia, serenidad y pulso en calma para entender y comprender una determinada realidad. En su momento teníamos la facilidad de que en el plano mundial solo el imperialismo yanqui representaba el mal, igual que hoy, pero con otros dignos representantes. Resultaba de una lógica hasta simple, aceptar que, en el plano nacional, un partido que no dejaba el poder era el mejor sitio para practicar el tiro al blanco.

Sin importar sobre lo que nos aconsejaran los adultos, a los que descalificábamos con singular alegría, usábamos, desde entonces, la sentencia de que nada habían hecho por heredarnos un mejor futuro, y que el único camino era acabar con el pasado para empezar de cero, “porque nada del pasado sirve para maldita la cosa”.

Actitud lógica, digna sin duda, la de los jóvenes que guardan la certeza de que se puede soñar con un mejor presente y futuro, y en una de esas lograr darle vida.

Así que llegamos al presente, cuando cayeron los que por casi un siglo hicieron de estas tierras y las del país entero su posesión pero que, y con los ojos de otra edad, también lograron la consolidación de instituciones, o de algo que logró cimentar un país.

Y el hecho es que como nunca, los radicalismos, la soberbia que alimenta a unos y a otros en un mismo espacio que se supone les es común, y por lo tanto necesario de cuidar, lleva a la misma vieja y constante historia, en que todos están absolutamente seguros de que les fue entregada la razón en por tiempo eterno.

Lo sabemos: así nada crece en un jardín que se ha quemado al paso de tan poco tiempo, que simplemente espanta, sorprende, preocupa.

Tanto para nada. Tanto para quedar en el mismo lugar donde todos se erigían como dueños del único camino para el razonamiento, con la diferencia de que, en esos tiempos, cuando menos sabían de lo que representaba cierto respeto, cierta disciplina y lealtad al movimiento que los había cobijado, o a ellos mismos.

Hoy, con sincera honestidad, es imposible definir quién ha cultivado la capacidad para intentar comprender el fenómeno social y político, del que son parte sustancial ambas partes.

Que sea la sensatez, la profunda y real preocupación por el ciudadano, lo que guíe el camino, porque las ambiciones políticas solo pueden conducir al despeñadero.

Mil gracias, hasta mañana.

Mil gracias

Autor

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Últimas noticias