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jueves, febrero 12, 2026
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Xoloitzcuintle

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Memento

“Un xoloitzcuintle que tenía la facultad de hacerse invisible, me invitó a tomar una taza de chocolate, cuando se terminó la sopa de zapote que le preparé, no se dio cuenta el canino que lo entoloaché”
Xoloitzcuintle chicloso — Porter

La palabra “xoloitzcuintle” proviene del náhuatl y está compuesta por dos elementos: Xólotl, nombre del dios mexica del atardecer, los gemelos, la muerte y el inframundo —también asociado con el relámpago y la transformación—, e itzcuintli, que significa “perro”. Por tanto, xoloitzcuintli significa literalmente “perro de Xólotl”.

En la mitología mexica, el dios Xólotl acompañaba al Sol durante su descenso al Mictlán (el inframundo), y se decía que el xoloitzcuintle ayudaba a las almas de los muertos a cruzar el río Apanohuacalhuia, que separaba el mundo de los vivos del de los muertos. Por eso enterraban perros junto a sus dueños: eran su guía en el más allá. En español, la palabra se adaptó fonéticamente a xoloitzcuintle, xoloescuincle o simplemente xolo, según la región.

El xoloitzcuintle es un ejemplo de tradición y amor por los caninos. Esta particular raza ha sido venerada desde tiempos prehispánicos, pues existía la creencia de que estos bellos animales eran guardianes de los espíritus: guiaban a las almas de los fallecidos por el largo y difícil camino hacia el Mictlán. Si la persona, en vida, había tratado mal a los perros, el xolo se negaba a ayudarla, condenándola a perecer sin poder cruzar. En cambio, si había sido bondadosa con ellos, el xolo gustoso tomaba el alma, la colocaba sobre su lomo y la llevaba a salvo hasta el otro lado.

Los xoloitzcuintles no solo eran valorados en el mundo espiritual, sino también en vida, pues estaban asociados a Xólotl, el dios de la muerte, con quien debían ser bondadosos si querían gozar de una muerte agradecida y sin sufrimiento.

La leyenda del xolo cuenta que, si es de color negro, no podrá llevar a las almas al otro lado del río, pues su color indica que ya se ha sumergido en él y ha guiado a suficientes almas a su destino. De igual manera, si el xolo es blanco o muy claro, no puede atravesar el río, ya que eso significa que es joven y aún no ha alcanzado la madurez para lograrlo. Solo cuando son de un color gris jaspeado —el tono más común en ellos— pueden llevar a cabo esta importante tarea.

Durante mi vida he tenido algunos canes como mascotas, algunos más cuidados que otros, debido al tiempo, la madurez u otros factores. Quizá por algunos podría merecer la ayuda de un Xolo y quizá por otros me ignoraran, en un balance general, creo que seré digno.

Recuerdo a un Alaska que tenía mi tío Juan; con él corríamos desde la calle de Arista hasta el parque Hidalgo, y alguna vez llegamos hasta la Unidad Deportiva. Tolo fue un French Poodle que llegó para ser compañía de mi hermana —creo—; vivió como quince años el mendigo. Tolentino fue el cachorro que llegó como compañía para Virgo, el último de muchos canes que desfilaron por casa de mi Awe. En fin, Tolentino era un chihuahua muy inútil, bastante inútil. Se perdió muchas veces; la última costó como cuatro mil pesos su rescate. También ya partió.

Actualmente hay dos perros: Blue (un Alaska blanco) y Max (un labrador pirata color negro). Ellos cuidan y disfrutan de la oficina. Y Hanna, que es una semi-Husky, convive con mi hijo mayor. Él adora a los perros y dice que esta cachorra es una perra con alma de gato, debido a su comportamiento.

Para el final dejé a Lucy, una Setter Irlandés a quien le tuve mucho cariño -es más podría decir que amé-. Una perra hermosa, con un carácter muy tierno. Tras la muerte de mi Awe, Lucy corría para estar unos minutos con cada uno de nosotros, lo que interpretamos como un intento de consolarnos. Hasta mi papá la quería. Fue una cachorra maravillosa. con ella aprendí a soltar a alguien.

Antes me caían gordos los gatos. Con el tiempo fui conociendo sus virtudes: son muy independientes, tranquilos, y los puedes cargar sin bronca, contrario a un perro, que no es sencillo de cuidar. Requiere mucha atención, no pueden estar solos y trasladarlos es un show.

De un año a la fecha he podido explorar más mi capacidad de sentir, he podido ser un poco más sensible. Hace unas semanas, mis gatos me buscan más y se han vuelto buena compañía.

La conseja de hoy:

Una mascota es una gran responsabilidad. No resulta sencillo su cuidado: se vuelve un compromiso. No podría decir que es como tener un hijo, pero sí algo no tan lejano. No comprendo cómo es que alguien desea un perro para tenerlo abandonado, y tampoco comprendo a quienes los tratan como si fueran personas.

Y como dice el dicho: “Cuanto más se conoce a los hombres, más se admira a los perros.”

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