Xantolo

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Memento

“Xihualacan compañeros Ti paxalo ti María Timiyahualotzan, pan Tonantzin Santa María Guadalupe | Vamos compañeros, a pasear a María, rodearemos a la Virgen Santa María de Guadalupe.”
Xochipitzahua – Lila Downs

Xantolo se usa en  la Huasteca para nombrar la celebración de Día de Muertos, pero su origen no es directamente náhuatl puro, sino un mestizaje lingüístico. Proviene del latín sanctorum (“de los santos”), como en la festividad católica de Todos los Santos. Cuando esta palabra llegó con los españoles, las comunidades indígenas -hablantes de náhuatl y otras lenguas- la adaptaron fonéticamente. Justo como Bistec fue adaptado de Beef Steak. 

Xantolo es un ejemplo claro de sincretismo cultural en México. Es una tradición de raíz prehispánica en honor a los fieles difuntos que se celebra del 30 de octubre al 02 de noviembre, pero cuyo inicio verdadero ocurre desde el 24 de junio con la siembra del cempasúchil, planta nativa de México de flores amarillas y naranjas, símbolo icónico del Día de Muertos. Se usa para guiar a las almas con su aroma y color, representando la vida y la muerte.

En las fiestas nahuas de la Huasteca hidalguense no solo se honra a quienes partieron, también se educa a quienes siguen aquí. A través de la música, la danza, el teatro y la pintura, se hereda una manera de entender el mundo. Cada son, cada máscara, cada paso y cada trazo le dicen al joven quién es y de dónde viene.

Como parte de la celebración, se ofrenda maíz, fruta y lo mejor que dio la cosecha. Se cree que la esencia de las almas vuelve, y por eso importan los aromas, la comida, la luz y la música. A los muertos no se les recibe con tristeza, se les recibe con respeto y buen gusto.

El 30 de octubre comienza el montaje. Manteles bordados, colores vivos y arcos de caña anuncian que la casa está lista para recibir visita de otro plano. Las ánimas son llamadas con rezos, copal y cohetes. También arrancan las danzas y comparsas, porque si van a volver, mínimo que las reciban con ambiente.

El 31 de octubre está dedicado a los niños, a los angelitos. Se barre la casa y el patio, y se les pone un camino de pétalos de cempasúchil para que no se pierdan.

El 01 de noviembre corresponde a los adultos. Se encienden velas grandes desde temprano para alumbrar el regreso. Se sirve chocolate, tamales y pan de muerto. Más tarde se intercambian ofrendas con los vecinos.

El 02 de noviembre se dedica a los fieles difuntos. Las tumbas se limpian, se visten y se adornan para la misa en el panteón. Se pide por su descanso eterno.

Semanas después, el primero de diciembre, se tumban los arcos de caña y concluye la Fiesta de las Ánimas.

Xantolo enseña algo incómodo. Nadie se va del todo mientras alguien siga preparando su comida favorita. La memoria no vive en panteones, vive en algunas tradiciones. No respira en discursos solemnes, respira en cada platillo que se ofrenda.

La inmortalidad se puede hallar en una ofrenda humilde con café caliente y pan recién puesto. Eso no es guardar cenizas, es conservar almas.

No me gusta poner altares, realmente hay muchas tradiciones en las que no me gusta participar, en parte por mi ateísmo y en parte por mi flojera, hay muchas que no les encuentro lógica. El primer Día de muertos que viví sin la presencia física de Virgo, me costó mucho, y no solamente de manera emocional, me refiero a lo económico. 

¡No inventen! Compramos, carnitas, alitas, barbacoa, pizza, hot dog, panza, micheladas, cubitas y un amplísimo etcétera más. La Doña era de gustos amplios. El siguiente año -tal como se lo dije en vida- le dejé la tarjeta para que fuera a comprarse lo que quisiera. 

Algo hay muy cierto, jamás regresaría a este mundo por fruta, y mucho menos por unos pinches tejocotes. A mí -cómo a mi Virgo- me ponen pulque, panza, mole verde, taquitos de tripa y de pastor, una michelada, unas quemaditas, una torta de queso de puerco, y unas galletas de animalitos.

La conseja de hoy

Xantolo nos recuerda que morir quizá sea inevitable, pero olvidar sí es una decisión. Disfruten a sus seres queridos en vida, porque hasta hoy no tenemos certeza que haya un más allá. Y como digo yo: “algunos muertos son más presentes que muchos vivos”.

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