MEMENTO
“Tengo la voz, tengo la voz, tengo la voz”
Tengo la voz – Nortec Collective: Bostich
La palabra voz viene del latín vox, genitivo vocis, que significaba justamente voz, sonido emitido por una persona, palabra pronunciada, llamado o clamor. De vox vienen muchas palabras de la misma familia: vocal, vociferar, convocar, y hasta abogado: ad-vocatus (el “llamado hacia”). En su raíz indoeuropea se asocia con la idea de llamar, hablar, emitir sonido con intención. No cualquier ruido. Una voz supone dirección, presencia y sentido. Entonces, etimológicamente, la voz no es solo sonido, es sonido que busca a alguien. No basta con hacer vibrar el aire; la voz nace cuando algo de ti sale hacia otro.
El nombre artístico de Bono, vocalista de U2, proviene de una tienda de audífonos en Dublín llamada Bonavox —buena voz—. Y es que Bono posee una voz reconocida a nivel mundial, no solo por su música, también por su papel como portavoz en el activismo social.
No me gusta mucho mi voz al cantar, creo que no la he entrenado lo necesario. Pero me mama mi voz en general. Hay días en que juego con ella y me agrada mucho. A veces la engrueso, en otras la adelgazo, me agrada. La escucho en algunos mensajes de voz que envío y me late bastante. No será de locutor noventero, pero me resulta afable.
Durante el tiempo que estuve en mi chamba anterior, me eché unos cuantos discursos. Me encantaron. Ojalá los encuentre, me latían bastante. Disfrutaba empezar con una frase célebre, pero no de esas que pueden encontrar en los calendarios de antes, en algunas agendas o en las fotos de algunas morras en Instagram. Mis frases hacían referencias a canciones, porque creo firmemente que una idea a divulgar es más sencillo vincularla con una frase que has escuchado muchas veces.
Me gusta mi voz y la de muchas personas más, no tanto por el volumen, la velocidad, el tono, el ritmo y las pausas. Sí disfruto escuchar la forma, pero me encanta escuchar el fondo. Existen muchas voces que disfruto escuchar por las ideas que propagan, por los conocimientos que transmiten, por las emociones que pueden generar, por las risas que me arrancan.
Puedo decirles que amo la voz de mis hijos, de mi padre, de mi familia, de mi mujer. Admiro la de mis maestros, las de Oscar Raúl, Azucena, Ricardo, Ale, Maru, Max, Jaime Cuevas, Aeroboy y algunas más. De cada persona he aprendido mucho. Las voces de mis amistades las atesoro. De cada una he aprendido escuchando.
Existen voces bajas que llenan cuartos enteros apenas hablan. Porque la voz no se mide en decibeles, sino en verdades. Pero, pero, pero, también existe mucha gente con volumen y poca voz. Gritan, opinan, saturan espacios… pero no dicen nada.
Y no crean que pienso que por el hecho de que alguien no piense como yo, está mal. Mi problema es que en muchas ocasiones tan solo son una cámara de eco de una idea que escucharon. Y parafraseo a Evelyn Beatrice Hall: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Pues además de estar de acuerdo con la frase, es muestra de la idea que la precede. Esa frase se le atribuye a Voltaire, pero fue Evelyn la autora, en una biografía de Francois-Marie Arouet.
La conseja de hoy
Procuren cultivar su voz. Úsenla para lo que gusten, para cantar, hablar o gritar, pero también sería una excelente idea cultivar el contenido. Muchos tenemos garganta, pocos tienen voz. Y menos todavía algo que valga la pena decir. Y como decía Voltaire: “Cuanto más a menudo se repite una estupidez, más genera la apariencia de sabiduría”.


