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Vote por quien usted quiera, pero vote con plena conciencia

Javier Peralta
5 Min de Lectura

RETRATOS HABLADOS

Antes que concluyan las campañas políticas de los aspirantes, aquí en Hidalgo, al Senado de la República, Cámaras de diputados federal y estatal, y presidencias municipales, debo pedirle a usted, lector, lectora, que en ese momento a solas en que se toma la decisión sobre el destino de su voto, piense de manera fundamental, que la naturaleza del ser humano es terriblemente voluble, y que el poder exacerbado solo produce personajes enfermos y obnubilados por creer ya no solo ser parte de la historia, sino la historia misma de un país.

No, de ninguna manera me atrevería a pedirle que vote por esta u otra candidata, porque para eso es el denominado periodismo militante, convertido en matraquero de uno u otro bando, y que por esencia pierde la capacidad de analizar una realidad, que ya convirtió la parte en el todo.

Lo que sí estoy cierto, es que un poder absoluto, poseedor de una mayoría calificada en las Cámaras de Senadores y Diputados, para hacer modificaciones de tipo constitucional a su gusto y antojo, deriva en un uso y abuso de esa atribución, algo que evidentemente ha sucedido a lo largo de nuestra historia, con resultados destrozos.

Si entendemos que existen tres tipos de mayoría: simple, que obtiene el partido que cuenta con más legisladores; absoluta, cuando se tienen la mitad de los representantes, más uno, que le permite aprobar leyes; y absoluta, al poseer dos terceras partes de la Cámara (de diputados o senadores), y de este modo tener todo para dar luz verde a reformas constitucionales.

En un México utópico, donde el único interés político de los políticos fuera el de la ciudadanía, otorgar con nuestro voto la mayoría calificada a un partido, sería, sin duda, un gesto de verdadera conciencia social, porque allanaríamos de trampas el camino para que la justicia histórica para los mexicanos llegara, por fin, a todos.

Pero en el mundo real suceden cosas muy diferentes, y si usted es joven, pero conoce a quienes cercanos a los 70 años le pueden platicar de lo sucedido en el pasado, encontrará que entregar plenos poderes a una sola persona es un error, una verdadera maldición.

El equilibrio de una democracia radica en acotar los síntomas que produce la enfermedad del poder, a través de la obligación para buscar consensos en el intento de reformar por ocurrencia o intereses descabellados, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Esto se logra con un voto inteligente, en el que usted, y solo usted, decide.

Si desde el poder en toda la historia del país han jugado no solo con nuestro destino, sino incluso con nuestros sentimientos, parece el momento de que usted evalúe qué le otorga a la futura inquilina de Palacio Nacional, o de otro lugar si decide no vivir en dicho inmueble. No confíe en quien le pregone: “todo o nada”, porque eso es solo propio de los cuentos de terror, donde aparece el mismísimo demonio, y le urge a que firme para entregar su alma para recibir todo, o no firmar, para quedarse con nada.

Eso es propio de cuentos, pero no de la realidad.

Por supuesto cada uno tiene en sus manos la decisión del futuro para usted, sus hijos, sus nietos. 

No traiciona a nadie si su voto es reflexionado, meditado, y evaluado para no hacer que empiece la gestación de una futura Emperadora, sea de los Morenos o los Tricolores.

El domingo próximo, ya muy de noche, sabremos si Claudia Sheinbaum Pardo, o Xóchitl Gálvez Ruiz, se convierte en la primera mujer Presidenta de la República Mexicana, pero será también el momento en que, conocida la conformación del Congreso federal, celebremos o lamentemos el tipo de sufragio que llevamos a las urnas.

De todo corazón espero que sea del primer tipo.

Mil gracias, hasta mañana.

Correo: jeperalta@plazajuarez.mx

X: @JavierEPeralta

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