Tiempo

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Memento

“One day you find ten years have got behind you. No 
one told you when to run, you missed the starting gun”
Time – Pink Floyd

Tiempo proviene del latín tempus, temporis. Tempus no significaba solo duración, sino oportunidad, momento justo, coyuntura. Algunos filólogos -expertos en el estudio de las lenguas- lo relacionan con la raíz indoeuropea temp-, que significa cortar, dividir. El tiempo, entonces, no es lo que pasa, sino lo que se separa, lo que se marca para poder entenderlo. Por eso duele cuando se pierde, es una porción de vida que ya no puede volver.

Hace años, al acudir a una cita con mi entonces novia, llegué con una rosa. Era fin de mes, muchos gastos en el inter y algunas inversiones innecesarias, entonces solo contaba con unos cuantos pesos para los pasajes de esa semana. Sin embargo, hice un pequeño ajuste para comprarle una flor al vendedor ambulante que me encontré en el camino. El ajuste significó cambiar el tomar un colectivo por una caminata de algunos kilómetros para llegar a su casa -los últimos metros en una pendiente truena rodillas-. La respuesta de ella cuando le entregué la rosa fue: “¿Solo una?” =’(.

Procuro ser puntual -me mama, me satisface, me excita- me genera una satisfacción enorme llegar a tiempo -o antes- a las citas. Suelo serlo, un tanto por ego y otro tanto por el valor que le doy al tiempo. Para mí es invaluable el tiempo de los demás y, por sobre todo, el propio. El tiempo es el lapso de vida de una persona. Un minuto puede ser poco o muchísimo; un minuto esperando al amor de tu vida puede ser rapidísimo por el ánimo de verle. Un minuto estreñido es larguísimo y doloroso.

Es por ello -estas tres palabras las leo continuamente en los escritos de algunas personas y por eso decidí escribirlas- que creo en el respeto del tiempo ajeno. Mi madre solía llevarme de acompañante -secretario particular, asistente o chofer- a muchas de sus reuniones o compromisos. Lamentablemente la administración del tiempo no es una virtud latente en mi progenitora, y un “vamos de rapidito” podría significar un par de minutos o medio día. Con el tiempo ha mejorado, pero durante años salir con ella podía equivaler a un pequeño purgatorio.

En mi cartera llevo una imagen de la Virgen de Međugorje. Es extraño para alguien ateo. Para mí esa imagen no representa nada religioso, significa el tiempo, el pedazo de vida que alguien me regaló. ¿Quién te regala unos segundos de vida para pensar en ti estando en Bosnia y Herzegovina? Solo alguien que te aprecia. ¿Cuánto vale tu vida? ¿Cuánto vale un minuto? La respuesta varía en cada persona y es sumamente valiosa sin importar los parámetros.

Cuando mi ex novia preguntó: “¿Solo una?”, me sentí desvalorizado. Esa rosa no solo implicaba un regalo, implicaba el tiempo invertido en ganar los diez pesos que valía. El costo iba más allá, me había costado un lapso de vida el ganar esa parte de mi salario, el tiempo invertido en caminar hacia su casa. No solo le regalé una flor, le regalé mi vida en ella.

El tiempo, como hemos aprendido a interpretarlo (pasado. presente y futuro), vive en nosotros como una sola unidad, todo en un mismo momento. El pasado, como todo aquello que hemos vivido, aquello que nos formó como persona. El presente como ese instante que estamos viviendo. El futuro porque cada acción que realizamos va encaminada hacia “eso” que queremos ser. Por eso dar tiempo también significa darte a ti mismo.

La conseja de hoy

La conseja es corta porque mi editor me regañó por el exceso de caracteres. Como digo yo: “gracias por el pedacito de vida que me regalan” al leerme cada semana.

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