Memento
“Hoy anduve por mi tumba verificando mi entierro, y tengo mas de una queja de lo que fue mi sepelio”
Mi sepelio – Vakero
La palabra sepelio proviene del latín sepelire, que significa “enterrar” o “dar sepultura”, derivan también términos como sepulcro y sepultura, todos girando en la misma idea: cubrir, resguardar, cerrar. El Sepelio no nombra a la muerte, sino al gesto que hacemos después de ella. Es un acto de los vivos, una forma de ponerle estructura a lo que se desborda. Enterrar no sólo es ocultar un cuerpo, es intentar fijar un fin a una historia. A diferencia de otras palabras relacionadas con la muerte, “sepelio” no habla del muerto, habla del acto de los vivos. Difiere de funeral por el momento específico en el que acontece.
Hay una frase en la canción La fiesta de Pedro Capó que dice: “La gente buena no se entierra, se siembra”. Y aunque parece muy romántico, deja ver una verdad acerca del ciclo de la vida y cómo volvemos a la tierra. Actualmente el sepelio ha mutado a cremación; con ello es más sencillo mantener una cercanía con la persona que falleció, aunque para mí es un tanto macabro.
No recuerdo muchas cosas del sepelio de Virgo, me desconecté regacho, la neta me dolió mucho su partida. La verdad es que creo que ella no está en una sepultura, la llevo conmigo, en mi alma, en mis gestos, en mis creencias.
Procuro no acudir a sepelios, me es un tanto incómodo, no soy un buen acompañante. He ido a muy pocos en vida. A veces creo que algunas personas acuden más por chisme que por acompañamiento a quien se fue o a quienes se quedan. Creo que he acudido a una decena solamente.
Durante el sepelio de Karina -que es el más cercano al que he ido en años- una persona estuvo socializando durante todo el tiempo que estuve presente. Si me enteré de ello fue porque sí soy chismoso y porque además lo hacía en voz alta; en ocasiones parecían gritos. Se justificaba diciendo que su audífono se había descompuesto. Quizá podría percibirse como una mala conducta, o una inapropiada al menos. Pero él se justificaba en una de las muchísimas frases que dijo: “Son los pocos momentos en los que veo a toda mi familia reunida”. Sonó tristísimo, porque ciertamente se reunió toda la familia, a excepción de una persona.
Además de lo anterior hubo más interacciones con otros familiares, unas tristes, pero otras me sacaron varias sonrisas, una en particular hasta una carcajada. Hubo un momento en que alguien le llamó la atención, le dijo: “Ya cállese, tío, no es el momento”. Él la miró, la tocó del hombro y le replicó: “Hay que aprovechar el estar aquí”.
No sé a qué se refirió con la parte de “estar aquí”. En un primer momento quizá podría significar estar ahí en el sepelio con su familia. Quizá, y más románticamente hablando, estar aquí… en el mundo. Porque seamos sinceros, nunca sabemos cuánto tiempo nos queda de estadía. Karina tan solo tenía 32 años y su partida fue abrupta. Creo que con más edad la probabilidad de morir se incrementa.
Hubo otro detalle del “tío en el sepelio”. En un momento confundió a una persona con un familiar. Él, apenado y confundido, se disculpó. Y su familiar le dijo: “Ay, tío, ya no te sube agua al tinaco”. Él contestó -recuerden que no llevaba auricular-: “Sí, es que creo que tengo tapada una tubería y luego ya no sube bien el agua al tinaco”. En ese momento olvidé mi pena y solté una de las carcajadas más sinceras de las que tengo memoria. Y ya saben mi carcajada es “sumamente” discreta.
La conseja de hoy
Lamentablemente, en los sepelios o funerales son de las pocas ocasiones en las que una familia se puede reunir completamente. Lamentablemente siempre será menos uno o más integrantes. Y cómo digo yo: “Nos vemos en el siguiente sepelio… o solo ustedes”.


