AGENDA EDUCATIVA
¿Vale la pena discutir el salario emocional o se trata solo de un paliativo que no resuelve las asimetrías al interior de las universidades ni los problemas estructurales de financiamiento que las atraviesan?
La respuesta es que sí vale la pena la discusión, siempre que se aborde desde una perspectiva crítica y propositiva que desnude las ingenuidades que subyacen en la narrativa del salario emocional y que exprese una postura clara: el salario emocional no sustituye al salario laboral, como si este último ya estuviera superado o resuelto.
En ese sentido, resulta indispensable colocar en el centro del debate la problemática universitaria y las condiciones laborales del profesorado temporal o de asignatura—quienes, en buena medida, sostienen la enseñanza en las universidades— en contraste con las condiciones de los profesores de tiempo completo (PTC).
En el caso de los profesores de tiempo parcial, hace más de dos décadas el 70 por ciento de este tipo de docentes sostenía la enseñanza en las universidades, de acuerdo con ANUIES (2015). Esto aparece en un reporte ejecutivo que presentó la ANUIES titulado Los profesores de tiempo parcial en las universidades públicas mexicanas.
El estudio del 2014 contó con información de 31 instituciones de educación superior (IES), de una muestra inicial de 46 IES que conformaban el Consejo de Universidades Públicas e Instituciones Afines (CUPIA). Su objetivo fue conocer los mecanismos de permanencia y promoción, la carga laboral, la situación salarial, las prestaciones y los programas de evaluación para acceder a estímulos académicos.
Entre las conclusiones del estudio se señalaba que el tema salarial representaba uno de los aspectos más complejos en el análisis de la problemática que enfrentaban los profesores de tiempo parcial. Asimismo, se observaba que los soportes normativos institucionales —como los contratos colectivos de trabajo— incluían a los profesores de asignatura a través del gremio sindical, pero se desconocía la existencia de políticas institucionales afirmativas específicas. Además, las políticas docentes y los programas de estímulos estaban pensados fundamentalmente para los PTC dejando al margen a los profesores de asignatura.
Cabe señalar que, hasta el momento, no existe otro estudio exploratorio de alcance nacional sobre esta problemática. Por ende, es totalmente vigente preguntarse al interior de la propia universidad ¿qué condiciones y qué problemáticas enfrenta la comunidad docente al momento de proponer el salario emocional? Próxima entrega, revisaremos el caso de los PTC.


