Quedarse, cambiar o partir…

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Pido la palabra

Hay días en que ni nosotros nos soportamos, todo lo que sucede en nuestro entorno nos molesta, creemos que todo el mundo está en nuestra contra y parece que cualquier paso que damos nos hunde más en ese hoyo de mugre y mediocridad; lo único que nos mantiene verticales es, en cierta forma, esa dosis de arrogancia y orgullo que todos tenemos.

Pero cualquiera que sea nuestro estado de ánimo o los conflictos por los que estemos atravesando, nada de ello justifica que empecemos a patear el pesebre; ese pequeño sistema en el que nadie nos obliga estar, y en el que nosotros mismos decidimos entrar y quedarnos por muchas razones, todas ellas voluntarias.

Patear el pesebre debemos entenderlo como aquellos actos desleales por los que damos la espalda a lo que por mucho tiempo nos ha beneficiado, que nos ha dado la oportunidad de mostrar nuestra utilidad y ganar con ello alguna prerrogativa.

Hay quienes tienen la mala costumbre de despotricar en contra de la situación que vive en su trabajo, en la escuela, en su equipo de fútbol, de la calle en donde vivimos y cada domingo participamos activamente desde la banca en donde impacientemente nos hemos mantenido; pero yo me pregunto, si ya no nos encontramos a gusto en aquel lugar, ¿por qué mantener nuestro sufrimiento?, ¿por qué seguir quejándonos de ese lugar en donde, desde nuestra perspectiva, ya no nos valoran?; es fácil resolverlo, toma la decisión, y así como llegaste, puedes decir adiós, sin resentimientos, pues nadie te mantuvo a la fuerza.

Muchas veces confundimos la frustración con el derecho a la ingratitud; creemos que, porque algo ya no satisface nuestras expectativas, tenemos licencia para desacreditarlo, minimizar lo bueno que nos brindó, o negar las oportunidades que en algún momento nos ofreció. Sin embargo, la madurez consiste en reconocer que no todo ciclo está destinado a durar para siempre y que retirarse con dignidad vale mucho más que permanecer sembrando discordia.

Ante la falta de convergencia de intereses, lo mejor es cambiar el rumbo, tomar tu propio camino y hasta nuevos tiempos si es que estos se vuelven a cruzar.

Si te quedas en ese lugar del que siempre te quejas, entonces cambia la actitud y deja de sentirte víctima; si te contrataste por cacahuates, entonces disfrútalos y cumple con tus compromisos.

Si te vas, buena suerte, mucho éxito y no te rebajes dañándote con la ponzoña del resentimiento, pues el mundo es redondo y da muchas vueltas, y no sabes en qué momento volverás a necesitar de ese pesebre que hoy estás tratando de derrumbar con tu poca estatura de miras.

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.

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