Agenda educativa
De manera habitual, los artículos de opinión que escribo los comparto con colegas y amigos, de quienes recibo comentarios diversos. El artículo anterior, en el que reseño la obra ¿Por qué fallan las políticas educativas?, generó una reacción sui generis en torno al argumento del autor, a partir del cual parece valorarse el libro en su conjunto. La reacción fue que se trata de una visión “prejuiciada” de la política educativa de AMLO.
Esta reacción me recordó algunos comentarios del público durante la presentación del libro en Hidalgo, que iban en la misma línea. Viene a mi memoria una frase pronunciada por uno de los asistentes —académico, por cierto—, quien afirmó que para criticar lo expuesto no era necesario leer el libro; bastaba con escuchar lo planteado por el ponente y autor de la obra. Otra anécdota significativa ocurrió cuando, a propósito de invitar a una ex secretaria de Educación del Estado de Hidalgo a comentar el libro, el evento fue calificado como “político”.
¿Era cierto? Vayamos por partes. En primer lugar, cuando se plantea que la obra reseñada responde a una “visión prejuiciada”, se omite que el libro es el resultado de una investigación sobre políticas educativas, sustentada en un enfoque teórico y en un método de análisis. En segundo lugar, resulta problemático valorar un libro sin haberlo leído. Este principio es básico tanto en la vida cotidiana como en la academia, donde la lectura rigurosa constituye un requisito mínimo para el debate informado y el diálogo académico.
Estas reacciones ya eran advertidas por el propio Pedro Flores Crespo en la obra, cuando se refiere a una sociedad profundamente polarizada que, si bien no fue iniciada por AMLO, sí ha sido intensificada por él. Así, nos encontramos ante un enfrentamiento entre quienes apoyan y creen en el gobierno de la llamada Cuarta Transformación y quienes critican sus acciones. Esta polarización no es ajena al ámbito académico; por el contrario, también atraviesa sus debates y posicionamientos.
Los elementos anteriores abren una serie de cuestionamientos sobre algunos conceptos clave antes de tomar posicionamientos enconados. Por un lado, ¿qué es eso que se llama visión ideológica, la cual se atribuye al autor? ¿Se trata de una visión conservadora, como se le denomina ahora? Por otro lado, ¿qué se está entendiendo por ideología? ¿Se refiere al sentido marxista como falsa conciencia o a una visión del mundo compartida socialmente?
Un último elemento nos remite a lo político de las políticas; es decir, a todo aquello donde se encuentra la disputa y el conflicto por el poder (incluidas las políticas educativas). A mi juicio, estos cruces entre lo ideológico y lo político —y su inserción en lo social, lo académico y lo disciplinar— debieron ser abordados de manera explícita por el autor al desarrollar el argumento central de la obra, tomando como marco de referencia la sociedad polarizada.
Hacer visibles estos elementos habría contribuido a sostener un diálogo más razonado y con argumentos más sólidos sobre lo que ocurre en la política educativa del país, proceso que no se ha cerrado y que continúa en esta etapa denominada el “segundo piso” de la Cuarta Transformación.
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