Perro

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MEMENTO

“Who let the dogs out? Who, who, who, who, who?”
Who Let the Dogs Out – Baha Men

La palabra “perro” tiene una etimología curiosa porque, a diferencia de muchas palabras comunes del español, su origen no está del todo claro. Es una de esas voces de procedencia incierta. En latín clásico, al perro se le decía canis, de donde vienen palabras como canino o canícula. Lo esperable habría sido que en español sobreviviera una forma derivada de canis… pero no. En español triunfó “perro”. Hay varias teorías sobre su origen, pero no existe consenso definitivo. La palabra can quedó como forma culta, literaria o técnica, y perro como uso popular y cotidiano. Es decir, el barrio, como casi siempre, ganó.

Es gracioso que el animal más apegado al ser humano tenga un nombre de origen incierto. Como si el idioma admitiera que algunas cosas importantes no necesitan pedigree. Mientras otras palabras presumen abolengo, “perro” llegó sin invitación, se quedó en la casa y terminó siendo familia. O sea, solo vino…

Soy más de gatos. Hasta hace un tiempo no me caían del todo bien, fue hasta que conviví con ellos de manera cercana. Sin embargo, los perros me siguen atrayendo.

En mi paso por este mundo he tenido varias mascotas, entre ellas varios caninos. De algunos ya ni recuerdo el nombre. Recuerdo a uno negro, muy apeluchado, que tuve de niño. Creo que hasta una foto existe con él, pero desconozco su carnet.

De ahí hay un salto hasta Toribio. Nos gustan los nombres de personas, porque al final creo que los perros tienen su perronalidad. Toribio era un perro negro, feo y corrientazo, pero chido. Tuvo un tumor y se murió… creo.

Con el tiempo llegó a nuestras vidas Tolo -de Eustolio-, un French Poodle. Se adquirió para ser compañía de mi hermana, pero terminó siendo de la familia. Vivió como veinte años. Era muy ladrador y bastante latoso.

Cabe hacer una pausa para hablar de Virgo, que tuvo varios canes, que si bien no eran de nosotros, convivimos mucho con ellos: Ramona, Wero, Caifan, Chato, Muñeca y algunos que escapan de la memoria. Fueron perros adoptados de la calle. Virgo era rescata perros.

Continuando con el resumen, después de Tolo llegó un maltés blanco que se llamó Trac. Se murió por tragón. Posteriormente llegó Abundio, que mi mamá rebautizó como Palomo. Mi mamá carece de flow para nombrar perros.

Los últimos fueron Blue y Maximiliano de la Rentera e Hidalgo, Max para los cuates. Blue es un husky blanco muy chido, pero que desde el endosamiento se rebeló contra su ex dueño. Max es una mezcla de labrador enorme, negro. Juntos parecen un yin y yang peludo.

Hay un apartado especial para Tolentino, un chihuahua odioso al que detesté hasta los últimos días de su perruna vida. Me caía regordo, era un inútil. Lo que más me enfadaba era su constante manía por huir de casa. En una ocasión tuve que pagar cuatro mil pesos de compensación -extorsión- para recuperarlo. Tras la partida de Virgo, mi mamá lo acogió. Murió hace poco.

Cuánto amor sentí por LuciFer, un amor verdadero. Lucy fue una Setter Irlandés que mi hijo se “ganó”. Creo que ella merece una historia completa. Una hermosa perra llena de nobleza. Recuerdo haber pensado que quizá pudo haber tenido una cría como ella, y de ese modo seguir teniendo un perro de su nivel. Poco después entendí que no se puede reemplazar a un hijo, amigo, hermano o familiar. Tampoco a una buena perra. Es irremplazable… 

La conseja de hoy

Algunas personas prefieren tener un perro que una pareja, porque este solo hará lo que le digan. No es malo, no es bueno, solo es. Una mascota no tiene capacidad de decisión, solo acata. Es más sencillo dominar a una mascota que adaptarse a una persona. Los perros son dependientes y, en ocasiones, logran que dependamos de ellos. Y como digo yo: “Los perros de azotea son más felices porque están más cerca de Diosito”.

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