RELATOS DE VIDA
Salió con premura, luego de haber aplazado en tres ocasiones la alarma de su celular, y cuando se dio cuenta de la hora, saltó de la cama para alistarse lo más rápido que pudo, porque el tiempo lo tenía medido y lo más probable es que no llegara al trabajo puntual.
Batió su récord, después de levantarse mareado por el salto de la cama hacia el piso, todo el ritual de lavarse dientes, cara, peinarse y cambiarse, lo logró en tan solo 15 minutos, para simplemente tomar su mochila, las llaves del carro y casa, subirse, arrancar y emprender camino a su destino.
En el trayecto rogaba a todos los santos que no hubiera tráfico y poder llegar dentro de la tolerancia que le marca el trabajo. Sin embargo, los rezos no fueron suficientes, en lapsos el tránsito lo alentaba, primero fue un retén, después una carambola, y luego unos camiones de carga que, por hacer maniobras, pararon la fluidez de los carros.
Trató de conservar la calma, respiró profundo varias veces, puso música para relajarse y en repetidas ocasiones revisaba su reloj para confirmar la hora y cuánto tiempo le quedaba para llegar, aunque con el poco avance que observaba, ya se comenzaba a resignar que no lo lograría, y que seguramente sería descuento a su quincena.
Aunque le quedaba la esperanza de poder hablar con su jefe, explicarle la situación del tráfico y sugerirle reponer los minutos que llegó tarde en la salida, para así evitar que le fuera reducido ese dinero que tanto le ha hecho falta para solventar sus necesidades y responsabilidades.
Esa idea lo tranquilizó un poco, respiró aún más profundo, y prosiguió hacia su destino, que afortunadamente ya estaba cerca, lo que hizo que se calmara más.
Ya a la entrada del estacionamiento del trabajo, paró la marcha en la caseta de vigilancia, bajó su ventanilla y buscó su credencial de acceso, mientras se acercó el policía y le preguntó:
- ¿Hoy le tocó trabajar?
Ante el cuestionamiento del oficial, le respondió
- ¿Por qué se le hace raro? Toda la semana vengo a cumplir con mis labores.
Y el encargado de la seguridad le contesta:
- Eso ya lo sé, pero es raro que venga los domingos, además no hay nadie en la oficina.
Apenado por su contestación y más por la equivocación, se limitó a contestar:
- Venía por unas cosas que dejé, pero si no hay nadie, me tendré que esperar para mañana. Muchas Gracias.
Se echó de reversa y emprendió el regreso hacia su casa.