IGUALDAD SUSTANTIVA, EMPODERAMIENTO EFECTIVO
La participación femenina en la economía es crucial para el crecimiento de cualquier país, por lo que es esencial crear oportunidades y promover la inclusión de las mexicanas en empleos bien remunerados y de calidad, especialmente en los contextos donde muchas mujeres han sido afectadas por la pandemia, perdiendo empleos y asumiendo más responsabilidades familiares.
En los últimos 20 años, México ha experimentado avances en los derechos de las mujeres, especialmente en su participación laboral y presencia en la esfera pública, sin embargo, persisten profundas desigualdades en salarios, cargas de cuidado y violencia de género.
Y es que, en términos de empleo, aunque la participación femenina aumentó del 38 por ciento en 2005 al 45.6 en 2025, sigue siendo menor que la de los hombres, quienes tienen una tasa del 74.3 por ciento. La brecha salarial también se mantiene, con las mujeres ganando en promedio un 34.2 por ciento menos que los hombres, debido a factores como la segregación laboral y las interrupciones por maternidad; además como las mujeres dedican mucho más tiempo a tareas domésticas y cuidados, se limita su acceso y permanencia en el mercado laboral.
La violencia de género continúa siendo un obstáculo grave, con más del 70 por ciento de las mujeres reportaron haber sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, una cifra que ha aumentado desde 2006, lo que afecta su derecho a la educación, salud y autonomía, y refleja un problema sistémico aún no resuelto a pesar de las leyes y programas implementados.
Finalmente, aunque el marco legal ha avanzado, el ritmo de cambio social sigue siendo lento. La ONU estima que, si la tendencia continúa, tardaremos aproximadamente 300 años en lograr la igualdad plena entre mujeres y hombres, lo que subraya la necesidad de esfuerzos urgentes para transformar las desigualdades estructurales en México
Al respecto, el informe de la Organización Internacional del Trabajo, elaborado por Juan Jacobo Velasco, Oficial Nacional de Información Laboral para el Cono Sur, aborda cómo reducir las brechas laborales que enfrentan las mujeres jóvenes en América Latina y el Caribe.
Cita que la pandemia de Covid-19 agravó estas desigualdades, evidenciando altas tasas de desempleo, informalidad y vulnerabilidad en el mercado laboral, especialmente para los jóvenes y, aún más, para las mujeres jóvenes; las cifras muestran que la tasa de desocupación de los jóvenes entre 15 y 24 años es tres veces mayor que la de los adultos, y que las mujeres jóvenes enfrentan tasas de desocupación de un 60 por ciento mayores que los hombres jóvenes, aunado a que muchas mujeres jóvenes asumen tareas de cuidado en el hogar sin acceso a empleos remunerados, lo que refuerza las desigualdades de género.
Velasco señala que estos problemas tienen raíces estructurales, como la escasa presencia de políticas específicas para su inclusión laboral y la prevalencia de empleos informales, que limitan las oportunidades de desarrollo. La falta de organización y representación de los jóvenes también dificulta la incidencia en decisiones públicas.
La transición demográfica y el avance de las tecnologías representan tanto desafíos como oportunidades: las tecnologías pueden facilitar la inserción laboral si se aprovechan con capacitación adecuada, pero también pueden profundizar las desigualdades si no se gestionan correctamente.
Para reducir estas brechas, se recomienda fortalecer la organización de los jóvenes y promover políticas inclusivas con perspectiva de género, invertir en instituciones laborales y sistemas de aprendizaje, diseñando políticas de cuidado que faciliten su participación en el mercado laboral, asimismo, enfatiza la importancia de un diálogo social permanente y participativo que aborde estos desafíos y garantice un futuro laboral más inclusivo, decente y equitativo para las nuevas generaciones en la región.




