Los iraníes viven en un limbo en el que no hay ni guerra ni paz, en medio de enormes incertidumbres y las continuas amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a la espera de que “pase algo” que ponga fin a la guerra que comenzó el 28 de febrero.
Tras 39 días de bombardeos diarios se estableció un alto el fuego el 8 de abril entre Irán y Estados Unidos e Israel y desde entonces las calles de Teherán han recuperado su habitual espeso tráfico, la mayoría de negocios han reabierto y la población vive con aparente normalidad.
Pero bajo esa aparente normalidad se vive con la incertidumbre de si se renovarán los ataques contra la República Islámica o si las negociaciones entre Irán y Estados Unidos llegarán a alguna parte, lo que podría revivir una economía asediada por los despidos y una inflación del 73 por ciento.
Irán y Estados Unidos continúan negociando a través del intercambio de mensajes a través de Pakistán. Y a la vez cruzan advertencias y amenazas.
Trump ha repetido en varias ocasiones las amenazas de nuevos ataques contra Irán si no accede a sus condiciones para cerrar un acuerdo.




