Heliotropo

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LA RULETA

Por: Azul Kikey Castelli Olvera

Nos levantamos al alba, con los primeros rayos del sol tocándonos los dedos de los pies, ateridos de frío. Sacamos las cortinas para días especiales y las tendemos para espantar el olor a humedad que les dejó un año guardadas lejos de la luz. La tela brilla y los girasoles bordados sonríen al sol.

Limpiamos la sala y acomodamos la mesa del comedor. Nos ponemos manos a la obra en la cocina. Me mandas a lavar jitomates, cebollas, chiles, hojas para tamales, fruta para el atole y un sinfín de alimentos multicolores que pasan por mis manos como rastros de arcoíris encendidos. La calabaza para el dulce es enorme y preciosa; las guayabas me atraen con su aroma y el piloncillo me deja en la boca su sabor a azúcar quemada.

Ponemos música, tus canciones vinculadas a recuerdos, y empiezas a contarme historias que te he oído mil veces, pero que siempre parecen nuevas y me hacen sonreír. Tu voz de narradora consumada se mezcla con la letra de la música.

—Bonita, haz pedazos tu espejo…

Le escuchamos cantar al trío.

Me cuentas de mi abuelo, de tu hermano, de tus travesuras de coqueta. El arroz se va tostando poco a poco y se vuelve oro viejo, con olor a gloria, mientras hierve el jitomate con zanahorias y chícharos que bullen en la cacerola.

Me llamas para que pruebe el mole. No lo hicimos desde cero; es Doña María, pero, con tus arreglos, queda como el mejor mole poblano. Con una parte vamos a rellenar los tamales que le encantan a mi madre. Lo pruebo y te sonrío, me relamo los bigotes. Te ríes y me dices:

—Gorda, a ti que te envenenen con mole.

Me río también.

Me fijo en cómo van los frijoles y te doy uno para que lo cales.

—Todavía están parados —me dices—. Échales más agua.

Poco a poco, todo va cambiando de forma y de color. Los ingredientes se mezclan, hierven, renacen en guisados, tamales, dulce y atole. Me mandas ir poniendo todo en la mesa.

—Hoy vienen todos. Saca el pan para tu primo, ya sabes que le encanta —susurras mientras pellizcas un tamalito rojo.

Escuchamos la música.

—Malagueña salerosa, besar tus labios quisiera y decirte, niña hermosa…

Te miro. Tú eres así, abuela: hermosa y orgullosa.

Todo brilla a través de las cortinas recién puestas, bañadas de sol: girasoles de pétalos amarillos y naranjas, de caras tostadas que te siguen cuando pasas.

Todo está listo. Me mandas poner los manteles, pero tu voz se vuelve un murmullo. No te veo, aunque te busco. Tengo los manteles en las manos. Los miro: son calados, de papel. No son manteles. Es papel picado.

No es la mesa para la comida familiar lo que hemos arreglado. Es el altar para Todos Santos.

¿Lo hemos arreglado juntas?

Me doy cuenta de que no. Hablo en plural, escucho tu música, tus historias; los platillos tienen tu sazón porque fuiste tú mi maestra, pero tú ya no estás. Me doy cuenta de que ya no hay un nosotras. Estoy sola.

El silencio inunda la casa.

Bajo la mirada y observo el papel en mis manos. Suspiro, termino de colocarlo y pongo las veladoras, los caballitos, el agua, la sal, los cigarros, la comida para mis mascotas, los dulces. Todo.

Hoy vienes tú. Viene mamá, vienen tías, tíos, bisabuela; viene mi primo, que murió este año. Pongo el espejo en la mesa y trazo el camino de flores encendidas: cempasúchil para los muertos, patitas de león.

Todo está listo.

Voy a la cocina y abro todas las llaves del gas. Gracias a Dios, ya no uso tanques: puse gas estacionario. No hay riesgo de que se acabe.

—No quiero que te mueras, abuelita. No me dejes sola, no tengo a nadie.

—Ni modo que viva para siempre, hija.

—Sí, vive por siempre o llévame contigo.

Silencio.

—Solo que abriera las llaves del gas y nos fuéramos todos.

No te atreviste, abuelita. Me dejaste solita. Pero mira, es fácil: los girasoles siempre siguen al sol. Yo soy uno y siempre busco tu calor.

Mira cómo enciendo las velas. La casa también se enciende. Espero que todos puedan ver la flor de fuego que se prende. Los pétalos de los cempasúchiles se elevan. Todos llegan hoy. Tú vienes con ellos. Hoy tú y yo bailaremos en los pétalos de un heliotropo de fuego…

Alcanzo a escuchar la música mientras me envuelve mi flor ígnea.

Soy parte de ti

Te llevo en la sangre

Si una vez me fui

Fue para extrañarte

Siempre vuelvo a ti

No puedo negarte

Tú mi parte oculta

Yo, tu parte avante.

Azul Kikey Castelli Olvera es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Ha sido profesora de licenciatura y posgrado de 2006 a la fecha, impartiendo los cursos de Guionismo, Metodología de la Investigación, Investigación en Comunicación, Teorías de la Comunicación, Taller de Investigación y diversos seminarios de maestría y doctorado. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel 1 y es profesora perfil Prodep.

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