Por: Dian Quintero
Antes de tener una cámara, Eddy ya quería contar historias. De niño, veía películas que sus tíos llevaban a casa para su papá, compradas por lote y, muchas veces, piratas. Algunas le descubrían mundos que no conocía; otras despertaban su imaginación de una forma distinta. También quería los cómics de los personajes que veía en la televisión, pero no siempre podía comprarlos. Así que encontró una solución: si no podía tener esas historietas, podía dibujarlas él mismo.
Dibujar y escribir se volvieron parte de su rutina. Durante la preparatoria estudió diseño gráfico y dibujo con la idea de dedicarse a las historietas, pero las exigencias que se imponía terminaron por quitarle el gusto. Su perfeccionismo le dificultaba concluir los proyectos y decidió buscar otro camino. El arte quedó como una inquietud pendiente, hasta que la pandemia le dio una nueva oportunidad.
Sin encontrar motivación, el artista comenzó a experimentar con la cámara de su celular. Los ajustes manuales le permitían jugar con la luz, los colores y la edición. También podía construir una historia alrededor de cada imagen, imaginar un personaje o pensar en una escena antes de tomar la fotografía.
En 2020 participó en una convocatoria de autorretratos y fue seleccionado para la exposición 2020 en mí, del Centro de la Imagen. La experiencia le hizo confiar más en sus capacidades, sobre todo porque consiguió una imagen que todavía considera entre sus mejores trabajos, a pesar de haberla realizado con un celular, un temporizador y el flash integrado. Sin embargo, después de esa etapa dejó de fotografiar durante dos años. Volvió a exigirse demasiado y ya no se sentía cómodo frente a la cámara.
Su regreso comenzó con el celular y, más adelante, con una cámara que le prestó un amigo. Desde su primera sesión con ella, Eddy volvió a explorar la fotografía hasta que, en mayo de 2025, consiguió su primera cámara profesional.
A partir de entonces, buscó desarrollar un estilo propio mediante referencias de películas, videojuegos, portadas de discos y anuncios, de los que estudia los colores y la iluminación. Aunque trabaja principalmente en digital, también cuenta con cámaras análogas.
Entre sus proyectos favoritos está Aquí, una serie en blanco y negro sobre el pueblo de las periferias de Pachuca donde ha vivido desde niño. Al no encontrar fotografías que mostraran ese lugar como él lo conocía, decidió retratarlo. Tomó las imágenes sin revisar la pantalla hasta llegar a casa y, al compartirlas, varias personas le preguntaron dónde quedaba aquel sitio. Les sorprendió descubrir que era su propia ciudad.
Después realizó otra serie en color sobre el mismo entorno. Ambas reflejan su interés por encontrar posibilidades visuales en lugares cotidianos, sin necesidad de recurrir a paisajes espectaculares.
Su trabajo se alimenta de distintas disciplinas y referencias. Le interesan el retrato, la fotografía conceptual y las imágenes que recuerdan a un álbum familiar. Cada proyecto puede partir de una canción, una película o una historia que imagina para las fotografías. Actualmente también quiere explorar temas como la sexualidad, la incomodidad en la identidad, la piratería y los paisajes no convencionales. Además de dedicarse a la fotografía, estudia Psicología en línea en la UNAM.
Hoy organiza clases de fotografía en Cromma House, realiza cobertura de conciertos para Proyecto Mampara y colabora con Vrailux Estudios en distintos proyectos fotográficos. También se prepara para presentar una exposición individual junto a La Sopa. Entre las sesiones personales, los conciertos y los proyectos comerciales, adquiere experiencia sin abandonar la curiosidad que lo acompaña desde niño.
De pequeño, Eddy Alès dibujaba las historias que no podía encontrar en una tienda. Ahora las construye con luz, color y encuadres, incluso cuando el escenario es una calle conocida o el lugar donde ha crecido. Cambiaron las herramientas, pero sigue presente aquel impulso de mirar lo que tiene enfrente e imaginar qué historia puede contar.


