Enemigos reales, amigos falsos

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RETRATOS HABLADOS

Todos los consejos que puede, y debe recibir un político, acerca de los “enemigos” en esos menesteres, coinciden en que dichos personajes son lo más real que habrá de enfrentar en su largo o efímero paso por los asuntos del poder, y que los amigos, al menos los que logre cosechar en su paso por cargos ilustres, siempre serán falsos, irreales. 

Por eso, la corte que con bastante regularidad rodea al hombre o mujer de poder, la famosa burbuja donde lo encierran sin que se den cuenta, o con su anuencia porque la soberbia le hace creer que todas las lisonjas que recibe son la verdad a un cien por ciento; ese espacio donde los amigos reales dejan de tener pase para entrar, termina por modificar totalmente su visión de la realidad. Considera a estos lisonjeros sus “amigos” en todo el sentido de la palabra.

Esta distorsión cognitiva, provocada por el aislamiento palaciego, convierte la cumbre del mando en un teatro de sombras. Maquiavelo advertía en El Príncipe que “no hay otra manera de defenderse contra la adulación, que hacer comprender a los hombres que no te ofenden si te dicen la verdad”. El gobernante prefiere la comodidad del elogio antes que la aspereza de la realidad, transformando su entorno en una coreografía donde los espejismos sustituyen al pulso de la calle.

En la literatura mexicana, nadie retrató esta trágica enajenación con tanta agudeza como Luis Spota. A través de novelas como Palabras Mayores, Spota desnudó los pasillos del sistema, mostrando cómo el líder va perdiendo el contacto con el suelo que pisa. Sus personajes se sumergen en un laberinto de intermediarios cuya función es filtrar las malas noticias y amplificar las alabanzas. La realidad se convierte en un informe previamente censurado y en un mitin con aplaudidores que sonreirán a cada ocurrencia, convenciéndolo de que su voluntad es ley y destino histórico.

Esta desconexión es una patología inherente a la autoridad. Shakespeare lo escenificaba en El rey Lear, donde el monarca se vuelve ciego ante la lealtad sincera de Cordelia y prefiere los discursos falsarios de sus otras hijas. El drama de Lear es el del político contemporáneo: desterrar a quien le habla con honestidad y abrazar el lisonjeo que alimenta su ego. Cuando el gobernante despierta de su letargo suele ser demasiado tarde, cuando la corte que le juraba lealtad eterna huye hacia el próximo sol que despunta.

Bajo esta óptica, el soberano carece de interlocutores genuinos que ejerzan una crítica constructiva, por lo que empieza a decidir para un país imaginario que solo existe en los discursos que sus asesores redactan. Los problemas reales de la ciudadanía se catalogan como complots de los adversarios, reforzando la idea de que la verdad habita dentro de la burbuja y la mentira afuera.

La soledad del poder radica en esa incapacidad para distinguir entre el afecto legítimo y el cálculo utilitario. El hombre público de Spota termina siendo víctima de su aislamiento, un prisionero en un palacio de espejos donde cada reflejo le devuelve una imagen magnífica pero vacía de sí mismo. Al concluir el mandato, los falsos aliados desaparecen, devolviéndolo a su inevitable realidad.

En nuestros tiempos, nada más trágico que un político que nunca quiso escuchar la verdad, es decir que nunca quiso ver la realidad, y cuando se ve de nuevo como un simple ciudadano, descubre, con espanto, que a esas alturas de la vida no hay marcha atrás y sí, en cambio, un futuro complejo, donde habrá de enfrentarse a la patética herencia que siempre había visto a través de los ojos de la zalamería y la lisonja revestida de magnificencia, pero que, en el crudo mundo de la vida dura y concreta, solo fue un montón de excesos y desaciertos. Será también el rechinar de dientes, cuando se dé cuenta que los enemigos son 100% reales, y los “amigos”, tan falsos como sus lisonjas.

Con toda seguridad, la mejor enseñanza que puede recibir un hombre o mujer jóvenes que aspiran al poder político, deberá ser esa: dentro de la burbuja solo habita la mentira, fuera de ella, la verdad.

Mil gracias, hasta mañana.

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