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El color de la democracia…

Miguel Rosales
5 Min de Lectura

PIDO LA PALABRA

Llegó el momento, ya no hay marcha atrás; este domingo será el día para ejercer uno de los derechos esenciales que tenemos como ciudadanos: elegir a quienes nos representarán en el Ejecutivo federal, el Legislativo federal y estatal y Presidencias Municipales.

Ya tuvimos mucho tiempo para sensibilizarnos, para que, con toda libertad, pero también con mucha responsabilidad, tomemos esa decisión que, a nuestro juicio, consideremos la mejor opción, salvo siempre nuestro derecho a equivocarnos, pues cada uno de nosotros respondemos por nuestros actos, pero no por las malas mañas de los demás.

Muchos meses de juicios de valor contradictorios nos carcomió, nos enfrentó en luchas intestinas; pero, y esto como sano deseo, espero que tanto odio derramado sirva para abonar a nuestra democracia; lo dudo, pero la esperanza me mantiene vivo.

Maltrechos emocionalmente por el feroz ataque de la propaganda política, pero ya disfrutando de esa paz de la veda electoral que en verdad nos dio un respiro; ya era un suplicio estos últimos días de campaña escuchar denuestos y propuestas vacías.

La sinrazón debe quedar atrás; ahora nuestra atención se debe centrar en ver de frente a nuestro futuro inmediato, es momento de descontaminarse para que el domingo 02 de junio, nuestro voto sea claro, definido, diáfano y con la seguridad de que estamos ejerciendo nuestro legítimo derecho; y que nadie se atreva corromper, comprar o inducir nuestra sacrosanta voluntad, pues éste, precisamente éste ¡YA ES NUESTRO MOMENTO!; ahora nos corresponde a nosotros los ciudadanos poner las cosas y a las personas en su lugar, estamos en el momento preciso de apoyar formas de gobierno que nos ofrecen mejores condiciones de vida, o en su caso, castigar a todos aquellos que han hecho de la política lo que es en la actualidad, una auténtica olla de grillos, por muy romántica que la quieran pintar; es nuestro momento y debemos usarlo responsablemente.

Debemos alistarnos como auténticos ejércitos ciudadanos y dar un golpe certero a nuestra tradicional forma de ver la vida, debemos sacudirnos de esa apatía que en cada proceso electoral sienta sus reales en nuestro ánimo; entendamos que nosotros tenemos el poder de decisión y no solo es un derecho sino también una obligación el hacerlo valer; sí, en efecto, es una obligación por lo que representa para nuestro empleo; es una obligación por lo que representa para nuestros hijos; es una obligación por lo que representa para nuestro futuro; pero sobre todo, es nuestra oportunidad de expresar lo que queremos y cómo lo queremos lograr.

Enseñemos a las nuevas generaciones que es a través del sufragio el cómo una Nación debe forjar la grandeza de su destino y no la violencia de las turbamultas ni el chantaje de las falsas víctimas de la sociedad, ni mucho menos los intereses mezquinos de las elites gobernantes; es el voto simple y sencillamente lo que nos llevará a niveles apropiados de convivencia social.

Esto que digo, lo hago totalmente consciente de nuestra realidad y de las oportunidades que la vida nos ofrece; no pido nada que vaya más allá de lo que estoy seguro podemos lograr; vencer nuestros miedos, vencer la apatía, vencer la incredulidad del valor del voto y que todo ello nos lleve inevitablemente a vencer el abstencionismo.

Muchos ya sabemos a quién vamos a apoyar con nuestro voto; otros más todavía están indecisos; pero al hacerlo, no olvidemos que necesitamos a gente con verdadera vocación de servicio, gente que sea sensible a las necesidades de la sociedad y que a través de su vida haya demostrado su apego a resolver esos problemas de la vida cotidiana.

Acabemos de un tajo electoral a los que han hecho de la política un simple negocio y dignifiquemos a esta noble actividad social. Hoy todo quiero verlo del color de la democracia; creer en el respeto a la voluntad social, creer en mis autoridades, pero, sobre todo, creer en mí mismo y forjarme mi destino a través del voto, y al igual que Martin Luther King, “yo también tengo un sueño”; pues bien, el próximo domingo lo empezaré a construir en las urnas.

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.

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