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De saberes, sabores y otras cosas…

Blanca Vargas
3 Min de Lectura

Por el derecho a existir

Los pueblos y comunidades indígenas tienen en su médula espinal, un bagaje cultural, técnico y científico para curar todo mal, aunque la industria farmacológica se empeña en desprestigiarlo.

¿Cómo puede explicarse el mundo occidental que una limpia con huevo puede ser tan o más eficaz que una aspirina?

Es y será motivo de discusión seguramente para todas aquellas personas que consideran que la mera neta del planeta se encuentra en la industria farmacológica. Sin embargo, permítanme diferir, yo fui testigo de cómo los conocimientos de mi abuelita fueron mucho más eficientes que los tres pediatras visitados previamente y que no lograban bajar la temperatura, no me lo van a creer, pero con unos plátanos, mantequilla, aguardiente y agua caliente alivió tres días de sufrimiento y desvelos.

Qué decir de aquello que llaman “el ojo”, el cual desencadena una serie de malestares poco explicables y a veces tantas veces genera diagnósticos no certeros y se termina recurriendo al médico (a) tradicional en búsqueda de una mejoría de salud.

Para escépticos y creyentes, los conocimientos de los pueblos originarios deben ser valorados y revitalizados, especialmente en materia de herbolaria, pues si hacemos un recuento, la transmisión de conocimiento herbolario de generación en generación se ha visto interrumpido por la globalización y el desprestigio de los saberes de nuestras bisabuelas, abuelas, madres.

Se imaginan acudir al patio de la casa, tomar un manojo de hinojo, hacer un tecito y mejorar la digestión, en lugar de esperar al lunes para comprar las nasajar con el 20 por ciento de descuento con el doctor Simi.

Sin duda, la memoria histórica debe contener dentro de sus pasajes que el pueblo mexicano combatió el COVID con jengibre, canela y miel, que la higuerilla con manteca y ceniza sirve para bajar la fiebre y que si un día te asustas deberás conseguir espíritus de tomar y de untar. La memoria nos tendrá que recordar que en otras páginas atrás cientos de mujeres sabias y conocedoras de la herbolaria, fueron quemadas por “brujas”, así que si preservar es resistir, los pueblos originarios llevan ya más de 500 años de resistencia.

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