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CUANDO EL PUEBLO DESPIERTE…

Prisciliano Gutiérrez
7 Min Read

FAMILIA POLÍTICA

“Un pueblo avergonzado, es león

 que se agazapa para saltar”

Octavio Paz

En un artículo que se publicó recientemente en Milenio, Agustín Basave hizo un clarísimo planteamiento en relación con la personalidad de algunos gobernantes que llegan al poder gracias a su espíritu rijoso, el cual los condiciona para golpear a diestra y siniestra a sus enemigos (y a veces a sus amigos), con el propósito de arribar a su objetivo, en ocasiones obsesivo.

Maquiavelo, desde su plataforma renacentista, hizo de El Príncipe un catálogo de consejos, los cuales, por primera vez se sistematizaron y se difundieron en letras de imprenta. Efectivamente, cuando un Principado (Estado) no es hereditario, debe conquistarse por la fuerza o por la democracia. Una vez que El Príncipe logra colocarse en la cima de la pirámide en la jerarquía de mando, cuando llegó con base en sus prácticas de pelea sistemática, los resultados le fueron favorables, pero si continúa en la misma tendencia, una vez ungido gobernante, lo más probable es que logre avergonzar a su pueblo y perder por vía violenta lo que tanto trabajo le costó conquistar. Su sensibilidad y la sabiduría de sus asesores, lo deben inducir a un radical cambio en su estilo personal de actuar, en relación con el poder. Ahora, ya no tendrá necesidad de golpear sino, por el contrario, deberá valorar la conveniencia de atraer y sumar, para fortalecerse mediante alianzas concebidas bajo la invocación de la paz, la concordia y el diálogo. El uso de la fuerza pública queda ahí como privilegio monopólico de las instituciones armadas y de los organismos policiales.

Desde luego, en tiempos muy recientes, el intelectual y periodista mexicano, Don Daniel Cosío Villegas, habló del “Estilo personal de gobernar”.

En este esquema, vino a mi memoria una tipología del hombre público, clasificación que puede estar vigente en diferentes tiempos y espacios:

Político.- Persona que por oficio tiene una intervención directa o un cargo en la política, el manejo de los asuntos públicos y el gobierno. Este sustantivo es de altísima extensión lógica; lo mismo sirve para escribir un tratado de alta connotación académica, que para dirigirse a un público con la frívola expresión de hacer lo políticamente correcto.

Politicastro.- Despectivo: Político inhábil, inculto, rastrero, mal intencionado, que actúa, abiertamente, con fines y medios turbios… Obviamente, su personalidad se refleja en las diferentes facetas de su gobierno. En caso de duda, consultar a Eduardo del Río “Rius” quien creó a un singular personaje: “Don Perpetuo del Rosal”, sujeto de caricatura, reflejo de muchos políticos de su época (hasta la fecha pululan algunos sobrevivientes de esa especie, casi en extinción).

Politicista.- Término acuñado por Julián Marías (intelectual español, discípulo de Ortega y Gasset) para referirse a quienes confunden, por ignorancia o pragmatismo, los conceptos de Estado y Partido. Es la expresión máxima para ideologizar la acción de gobierno: no importa encontrar las mejores respuestas a los problemas sociales que pretenda resolver, sencillamente, es instrumento para que los gobernantes de este tipo puedan imponer sus propias formas de ver y afrontar la realidad, sin que el verdadero pueblo tenga posibilidad de apoyar ni de oponerse. El politicista es refinado, presume de culto e informado; cumple con las normas de etiqueta y con las exigencias sociales (va a misa, presume de su felicidad conyugal, padre ejemplar); diplomático, simulador por excelencia. Su similitud sería con el Tartufo, de Moliere.

Estadista (Hombre de Estado, Mujer de Estado).- Persona con gran saber y experiencia en los asuntos del poder. El concepto distingue entre todos los responsables de un país, a aquéllos que lo dirigen y controlan en forma eficiente, significativa.

El citado término también puede designar a personalidades políticas, aunque no se encarguen directamente de alguna función del Estado, pero reputados por su capacidad suficiente en caso de acceder al poder. Engloba o comprende asimismo a las personas que están por encima de las divisiones partidarias. En conclusión, estadista es la máxima expresión de lo que debe ser el político ideal. En el mundo, son muy pocos los ejemplos de esta especie.

Me permito cerrar este espacio, con la transcripción de unos párrafos de El Príncipe.

“Los príncipes que suben al poder a través de sus propias habilidades y recursos (sus virtudes) en lugar de la suerte, pueden tener dificultades para llegar a la cima, pero una vez que llegan, están muy seguros en su posición. Esto se debe a que aplastan a sus oponentes y se ganan el respeto de los demás; debido a que son fuertes y autosuficientes, tienen que hacer menos compromisos con sus aliados.

Maquiavelo escribe que reformar un orden existente es una de las cosas más peligrosas y difíciles que un príncipe puede hacer. Parte de la razón, es que las personas son naturalmente resistentes al cambio y a la reforma. Aquéllos que se beneficiaron del antiguo orden, se resistirán al cambio ferozmente. En contraste, aquéllos que pueden beneficiarse, serán menos feroces en su apoyo, porque el nuevo orden no es familiar y no están seguros de que cumplirá sus promesas. Además, es imposible para el príncipe satisfacer las expectativas de todos; inevitablemente, decepcionará a muchos de sus seguidores. Un príncipe debe tener los medios para forzar a sus partidarios a seguir apoyándolo, incluso cuando éstos comienzan a tener dudas, de lo contrario perderá su poder. Sólo los profetas armados, como Moisés, logran un cambio duradero. Maquiavelo afirma que Moisés mató a incontables miembros de su propio pueblo, para hacer cumplir su voluntad…”

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