Cocinar con la memoria de quienes alguna vez estuvieron en la mesa

Más Leídas

Hay personas que permanecen en la memoria por una canción, una fotografía, una frase o una prenda. Pero hay otras formas de recordar, por ejemplo, a través de un aroma o un sabor: aquella comida que preferían, aquello que pedían para celebrar su cumpleaños o el platillo que compartían en familia. Estos alimentos pueden convertirse en testimonio de quienes alguna vez ocuparon un lugar en la mesa.

Para Enid Adriana Carrillo Moedano, profesora del Área Académica de Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y escritora originaria de Pachuca, esta relación adquiere otra dimensión frente a la desaparición de personas, porque cocinar también reconoce la existencia de un cuerpo que ha sido arrebatado.

A partir de su reflexión sobre “Recetario para la memoria”, proyecto que reúne las historias y recetas vinculadas con personas desaparecidas, Carrillo Moedano explicó que la preparación de alimentos puede convertirse en una manifestación pacífica frente a una ausencia que permanece sin respuesta.

“Cocinar reconoce una corporalidad que ha sido arrebatada en los casos de desaparición. Eso la vuelve un método pacífico de manifestación que afirma la corporalidad de las personas desaparecidas: su necesidad de ser alimentadas, el derecho de las propias mujeres buscadoras a mantenerse con vida y su derecho a la identidad”.

Así, preparar nuevamente un platillo no representa únicamente recordar a quien solía comerlo. Para la académica, también constituye una afirmación de su existencia y de aquello que formó parte de su vida cotidiana.

Sin embargo, como expone Carrillo Moedano, una receta no equivale a una ficha de búsqueda. Mientras esta última reúne elementos destinados a identificar y localizar a una persona, la receta permite acercarse a otra parte de su identidad: aquella construida mediante los gustos, las costumbres y el entorno cultural.

Una víctima de desaparición en México pudo amar la sopa de fideos, ejemplificó, mientras que un jornalero del otro lado del mundo podría ser recordado por su gusto por un kebab o una sopa de miso. “La receta en sí misma no actúa como un documento identitario, pero sí dice mucho sobre nosotros como humanos y de nuestro contexto”, explicó.

Y agregó: “Las recetas son una afirmación —y un recordatorio— de un cuerpo que existió y, en el mejor de los casos, que sigue existiendo”.

Sabores para entender la ausencia

El aroma y el sabor adquieren entonces una capacidad para comunicar aquello que las cifras sobre desapariciones difícilmente pueden transmitir: detrás de cada caso existe una persona y, alrededor de ella, familiares, recuerdos y experiencias compartidas.

Desde esta perspectiva, consideró que “Recetario para la memoria” constituye también un ejercicio de empatía, pues utiliza una actividad cotidiana para acercar a otras personas a una pérdida que posiblemente no han experimentado.

“Cuando las personas conocemos las historias a través de algo tan cotidiano como la alimentación, tenemos la oportunidad de conectar con las ausencias de otras familias y con el dolor por lo que ha sido arrebatado”, afirmó la académica de la UAEH.

Respecto a la posibilidad de que estas manifestaciones permitan que las autoridades observen de otra manera la problemática, Carrillo Moedano consideró que el problema no radica precisamente en hacer visible aquello que ocurre: “Creo que las autoridades no necesitan visibilizar nada porque es el Estado el que prefiere mantener el asunto de la desaparición forzada en la oscuridad”.

Desde su perspectiva, lo necesario sería sensibilizar a quienes integran las instituciones; sin embargo, advirtió que proyectos de esta naturaleza no están necesariamente dirigidos hacia ellos, sino que encuentran parte de su sentido en la sociedad que conoce, comparte y se acerca a las historias de quienes buscan.

La cocina como espacio de cuidado

La relación entre las mujeres y la cocina también atraviesa esta forma de resistencia. Aunque los roles tradicionales de género han colocado históricamente sobre ellas la responsabilidad de preparar los alimentos, Carrillo Moedano señaló que estos espacios también han servido para construir redes y compartir conocimientos.

“Durante toda la historia de la humanidad, las cocinas han sido espacios en los que las mujeres han aprendido a organizarse, espacios en los que han compartido conocimiento con otras mujeres, desde los cuales han salido ideas y maneras de combatir frente a los abusos”.

Por ello, propuso resignificar no solamente la cocina como espacio físico, sino el acto mismo de cocinar y entenderlo como una práctica de autocuidado y cuidado hacia los demás.

En el caso de las mujeres buscadoras, esta dimensión cobra un significado adicional: mientras buscan, denuncian y mantienen viva la memoria de sus familiares, también deben preservar su propia vida. Comer y alimentar a otras personas se convierte así en una necesidad elemental que continúa incluso en medio de la búsqueda.

Para la académica universitaria, ahí se encuentra parte de la fuerza de proyectos editoriales como “Recetario para la memoria”: llenar de significado una práctica cotidiana cuando esta queda atravesada por una tragedia social como la desaparición.

La justicia se aprende

Las recetas familiares suelen pasar de una generación a otra. Se conservan ingredientes, procedimientos y secretos; en ocasiones incluso se repiten sin saber quién fue la primera persona de la familia que preparó aquel platillo. Pero junto con esas tradiciones también pueden permanecer las ausencias.

Carrillo Moedano explicó que el trauma social puede transmitirse de maneras sutiles y permanecer durante generaciones. “Como colectivo, los mexicanos cargamos con heridas históricas como la Conquista, el 2 de octubre, el terremoto del 85, eso implica un constante recordatorio de nuestras luchas”, dijo.

Para Carrillo Moedano existe una diferencia fundamental entre transmitir el dolor y continuar la exigencia de justicia. “Imagino que en una familia funciona de la misma manera, pero yo diría que la lucha por la justicia es algo que no se hereda, se aprende y eso es aún más poderoso”.

A partir de esta reflexión, la escritora hidalguense, considera que las recetas pueden trascender el momento en que fueron escritas y convertirse en una forma de preservar parte de la historia de quienes están ausentes. Aunque no reemplazan una ficha de búsqueda ni pueden devolver por sí mismas a quien falta, conservan algo de su identidad: los sabores que disfrutaban, los alimentos que compartían con los suyos y la memoria de quienes, antes de convertirse en una ausencia, alguna vez estuvieron en la mesa.

Cortesía
Cortesía
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img

Últimas noticias