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sábado, enero 3, 2026

Chingón

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MEMENTO

“Cierto, todos buscamos y queremos dinero, la estabilidad ahorita es lo primero…

Yo solo estoy cumpliendo todos mis sueños, pero trato de ser Chingon sin Chingar”

Chingón sin chingar – Marca Registrada

La palabra chingón proviene del verbo chingar. Algunos la rastrean hasta el vasco txingar, que significa “quemar” o “hacer daño”; otros al caló chingar, usado por los gitanos españoles para decir “pelear” o “fornicar”. Lo cierto es que cruzó el Atlántico con los conquistadores. En el español peninsular antiguo, chingar era “bromear” o “fastidiar”. En México, el verbo se endureció y se volvió un eje del habla popular. Hoy, ser chingón puede significar muchas cosas: desde tener talento hasta resistir, sobresalir o simplemente no rendirse.

Octavio Paz, en El laberinto de la soledad —creo—, habla sobre la palabra chingar de la siguiente manera: “Chingar denota violencia: salir de sí mismo y penetrar por la fuerza en otro. Y también herir, rasgar, violar cuerpos, almas, objetos, destruir.” “La Chingada es la Madre abierta, violada o burlada. La Chingada es nuestra madre.”

Por eso el mexicano no quiere ser el chingado —el sometido—, y hace todo lo posible por ser el chingón, el que manda, el que domina, el que no se deja.

Durante la Conquista, La Malinche —Malintzin— fue intérprete, aliada y, según la historia oficial, amante de Hernán Cortés (aunque algunas fuentes señalan que Malinche era un término con el que se referían a él). La Chingada se convirtió en la mujer poseída, violada, traicionada. Esa figura quedó grabada en la conciencia colectiva como el punto cero del trauma: la mujer abierta por el extranjero, el inicio del mestizaje forzado.

Una de las frases más duras —y más dichas— en México es: “chingar a su madre”. Lo que parece solo una grosería es, en el fondo, un simbolismo: una forma de negar el origen. Mandar a alguien “a la chingada” es expulsarlo hacia donde todo empezó, el lugar del ultraje. Es una manera de repetir el gesto de violencia fundacional, pero ahora cotidianamente entre nosotros.

¿Y cómo explicar, si no, por qué una “mentada de madre” nos afecta tanto?

Ser chingón implica vivir a la defensiva, competir, imponerse. Es una especie de mandamiento: “no quiero ser el hijo de la chingada, quiero ser el que chinga”. Es el resultado de una sociedad que admira al que sobrevive aunque sea a golpes; que celebra al que puede, aunque no siempre sepa por qué. El chingón es un héroe… a su manera.

Yo no creo en frases como “hay que chingar, porque el de atrás viene chingando”, o “el que no tranza, no avanza”.

Tenemos muchos ejemplos del mexicano chingón, esa persona que es chingón porque:

Se roba galletas en el supermercado y se las da a sus hijos. “Que se chingue la tienda, gana mucho dinero”.

Se estaciona donde quiere. “Que se chinguen los demás, son más importantes mis asuntos”.

Siendo político, le resulta fácil robar dinero del pueblo. “Que se chingue la gente, yo lo necesito más”.

O, estando al frente de una organización, beneficia a muchos, pero antes busca el beneficio propio. “Me los chingué”.

No le importa que los jardines sean para todos: saca al perro a pasear y olvida recoger las heces. “Que se chingue otro”.

Tira la basura en la calle “para que el barrendero no se quede sin trabajo, que le chingue”.

Humilla a los demás por no pensar como él, o por no tener las mismas condiciones. “Que se chinguen”.

Se escuda en el “si los demás lo hacen, ¿por qué yo no?”

En el trabajo hace pequeños robos, pues “¿qué tanto es tantito?”

Maltrata a su pareja, porque “sabía a lo que iba y ya es muy tarde para cambiar, se chingó.”

Y un nutrido etcétera que, lamentablemente, abarca muchas acciones más.

No me gusta la filosofía del chingón, e intento luchar contra ella. Sé que quizá no sea mucho, pero cuando muera y entregue cuentas de mi vida, podré decir que me arrepentí a tiempo de ser chingón: no chingué a nadie y traté de ser una mejor persona. Porque todo en esta vida, tarde o temprano, tiene consecuencias.

La conseja de hoy:

Que su propósito de año nuevo sea ser chingón o chingona, pero no andar chingando a los demás. Y como diría Molotov: “Chingo yo, chingas tú, chinga tu…”

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