7.8 C
Hidalgo
jueves, enero 29, 2026
970x250

Candelaria

Más Leídas

Memento

“Mexicano plato real, con nombre que es un relajo, porque al llamarle 
tamal, entender cuesta trabajo, si el tamal no está mal, está mal”
El Tamal – La India María

La palabra “Candelaria” tiene una etimología muy vinculada con la religión, proviene del latín candelaria, que es el adjetivo femenino de candelarius, que significa “vela” o “candela”. Originalmente, Candelaria se refiere a la festividad cristiana conocida como La Fiesta de la Candelaria, que celebra la presentación del niño Jesús en el Templo y la purificación de la Virgen María, donde se bendicen velas. En algunos países, como México, la Virgen de la Candelaria es también un título mariano, y el nombre se usa para personas nacidas el 02 de febrero o en devoción a esa advocación. 

No hay día que no llegue ni plazo que no se cumpla. Este dos de febrero, Día de la Candelaria, aquellas personas que tuvieron la dicha o desdicha de que “les saliera un niño” en la Rosca —que uno se pregunta, ¿de dónde más salen?— de Reyes, se enfrentan a su compromiso. Y es que el nombre de la figura es “niño”, pues la Rosca de Reyes representa la forma en que este fue oculto, según relata el Evangelio según San Mateo, de las fuerzas de Herodes, quienes buscaban deshacerse de la amenaza para su reino realizando la matanza de todos los menores de dos años.

Al participar en la «partida de rosca» no se puede eludir el compromiso que indica haber encontrado un “niño” en la rosca. Hay un acuerdo que se debe respetar: si quieres participar, debes asumir la probabilidad —por mínima que sea— de encontrarte con una bendición.

Claro está que hay muchas personas que, en su afán por evadir ese compromiso, realizan diferentes técnicas: ocultar la “bendición”, abandonarla, deshacerse de ella antes de que la gente lo note, y, en el último de los casos, tragársela. Todo esto, por no asumir las obligaciones inherentes a la bendición.

Hace unos días, en familia, comentamos la idea de esta generación de no ejercer maternidad o paternidad, sustentada en diversas razones: “No podré dar una buena crianza”, “no quiero vivir en frustración”, “no quiero que mi físico cambie al tener descendencia”, entre muchas otras. Hubo opiniones encontradas: desde quienes decían que era contranatural, pasando por quienes argumentaban escasez de recursos presentes y futuros, hasta llegar a la premisa de una decadencia sociocultural.

Dentro del argumento de la decadencia social, la discusión se amplió hacia el tema del aborto, su legalización y su posible uso como control natal. Sin lograr un acuerdo, se llegó a la conclusión de un “escuchamos, no juzgamos”.

El punto en que hubo concordancia fue la manutención de la prole, y el rechazo por el valemadrismo de quienes abandonan a sus bendiciones a su suerte, dejándole a Diosito y su buena voluntad la fortuna de su progenie. Lamentablemente, la justicia actual no ha implementado acciones expeditas para obligar a las personas a hacerse cargo de su descendencia. El proceso de demanda por pensiones no pagadas puede tardar años; mientras tanto, la persona a cargo del bienestar de los hijos enfrenta todas las adversidades con recursos propios, mientras que la contraparte suele darse una vida tranquila e incluso victimizarse como víctima de la mala voluntad de la ex pareja.

La conseja del día

En fin, si participaste en alguna partida de rosca, sea del tipo que sea, hazte cargo de la responsabilidad que trae consigo la alta probabilidad de encontrar una bendición, con todo y las precauciones que hayas tomado. Porque, aun con ello, siempre hay una probabilidad —aunque sea del 0.01%— de que te salga un niño en la rosca y te tengas que poner los tamales nuevamente, este dos de febrero, como consecuencia de ello. Y, como diría una amiga: “Si van a abandonar a sus bendiciones, mejor tráguenselas…”

Autor