RELATOS DE VIDA
Camina arrastrando los pies. Está cansada y tiene sueño. Los ojos le pesan y los talla con el dedo índice doblado. Voltea para ambos lados de la carretera, busca cruzar para llegar a tiempo al checador del trabajo. Faltan cinco minutos para las ocho de la mañana. Por fin puede pasar. Corre a la puerta y logra poner su huella en el biométrico en tiempo y forma.
Una vez más piensa que no llegaba. “No puedo tener más retardos o mi quincena va a llegar más flaca que la mismísima calaca”, piensa. “Lo único que necesito es dormir temprano”, sigue pensando; siempre sale algo que le impide ejecutar su plan, “¡carajo!” dice en voz baja.
“Buenos días, Laurita”, saluda Doña Socorro, una compañera de trabajo. “Buenos días Doña Coquito, que tenga un lindo día”, responde Laura con respeto. Sigue su camino por el pasillo. En la puerta que da hacia su oficina, alcanza a ver a otra de sus compañeras de trabajo. No es agradable para ella pero la soporta para no tener problemas.
“Laurita, ¿cómo estás, bebé? ¿Qué tal tu tarde? Te ves cansadita nena, pero ya es viernes y el cuerpo lo sabe”, le dice Jacqueline a Laura con un exagerado meneo de extremidades.
“Hola Jacque, buenos días. Sí, por fin viernes, hay que descansar, por lo menos eso haré”, contesta con frialdad.
“¡Ay!, mugre vieja”, piensa. Laura no la soporta, una cosa es ser escandalosa, pero esta es metiche, cizañosa y le choca su forma de hablar. Sabe que debe marcar límites y saludar con educación. Todo sea por su paz mental.
“Hola Laurita, buenos días”, saluda Raquel, compañera de oficina de Laura.
“Buenos días Raque, por fin llegó el viernes”, responde.
Se sienta. Abre el termo y toma el segundo café del día. Saca los pendientes de la semana. Sale a comer. Charla un momento con algunos compañeros, que sí le caen bien. Un par de tazas de café más. Comienza la ilusión del inicio del fin de semana.
Apaga su computadora. Acomoda su escritorio. Toma sus cosas. Camina de prisa sin voltear a ver a nadie. La salida es rápida. Pone su huella en el checador y camina hasta perderse de sus compañeros. Se va sin repetir el ritual de saludos de la mañana…


