PEDAZOS DE VIDA
I
Hay amores que, al sentirse acorralados, sin otro camino que la pérdida, aprietan el corazón ajeno y se aferran a su latido hasta dejarlo inerte. A veces creo que debí salirme del antro esa maldita noche, que no debí ir al baño a lloriquear por el imbécil de Arturo, quizá esto hubiera marcado la diferencia, eso hubiera evitado una historia con Renata, pero es confuso porque también, a momentos, creo que pudo ser peor, al final, si es que hay un Dios —quiero creer que sí—, todo esto sucedió por algo.
We, ¿te acuerdas cuando te la presenté?
Todavía no teníamos la mamada esa de “Sofi y Reny”. Éramos Sofía y Renata.
Qué pinche oso, porque al final, debo confesarte que a pesar de haberlo negado cuando me lo preguntaste, ya habíamos comenzado a andar.
La primera vez que Renata me hizo reír yo acababa de llorar en el baño del antro, me había enterado que Arturo tenía otro perfil en sus redes sociales, en las que sí presumía su relación con la pendeja esa. Pero más pendeja yo, ya lo sé, no es necesario que me mires así ni que me digas que había sido muy evidente por su comportamiento.
Aquella noche, cuando la vi por primera vez en el baño, pensé que estaba borracha pero después entendí que Renata hablaba así incluso sobria: fuerte, segura, burlándose del mundo, antes de que el mundo “se burlara de ella”.
Le dije que no quería hablar y ¿sabes lo que me respondió? Me dijo: “perfecto, si no quieres hablar, entonces yo hablo y tú admiras mi perfil griego”. ¡We! ¿Cuál perfil griego? Sí… Así fue, esta pendeja que tienes enfrente se río. Esa vez, se portó bien chida, la verdad. Estuvimos con sus amigos, me llevó a su mesa y al final anotó el número del taxi y después me mandó mensaje para preguntarme si había llegado bien a casa.
Comenzamos a salir. Me acuerdo cuando me confesó que era “lencha”. Aunque me sacó de onda traté de no hacerla sentir mal, de no rechazarla, no sé we…
Después vino eso de que “cómo sabía que algo no me gustaba si no lo había probado”, y al final el beso con el que comenzó todo. Una vieja corpulenta, chida, que se ríe de todo, que resuelve. O sea, estuvo conmigo cuándo falleció mi mamá y no como pareja, apretándose el corazón, dándome abrazos a escondidas, deseosa de besarme y limpiarme las lágrimas con sus dedos.
No sé en qué momento Reny se volvió esto. No sé en qué pinche momento terminé en el hospital con el cuerpo adolorido, casi inconsciente, pero pidiendo solo verla a ella. No quería que se fuera de mí, no quería que me dejara, pero según ella, yo era la que estaba “de perra” con las otras. Sí, las otras, cualquier otra, no podía mirar a otro lado porque había pedo.
Me torcía la boca, me ignoraba, no me hablaba, se enojaba.
Preguntarle “qué tenía” desencadenaba una larga discusión.
Todo terminaba en la cama, a altas horas de la madrugada, con lágrimas secas en las mejillas, con un eterno abrazo que me hacía creer que, al amanecer, los ojos hinchados habían valido la pena porque podría seguir con ella y sus manos acariciarían mi cara.
De pronto ya éramos Sofi y Reny. Ante sus amigos y ante su familia, yo era la “ganona”, la mujer de Reny y con este título también me había convertido en la nuera, en la tía, en la cuñada, en la sobrina y hasta en la nieta de todos ellos. Y precisamente eso fue lo que siempre me reprochó.
Al inicio, dijo no importarle, que no había problema si la presentaba como una amiga, que no era necesario que la invitara a mis reuniones familiares, que tampoco tenía tema por estar separadas en fechas como Navidad y Año Nuevo, y luego todo eso se convirtió en reclamo…
We, ya es tarde. No tienes que seguir escuchando. Se te va a hacer tarde y luego no vas a alcanzar transporte para irte a tu casa.
Gracias. Pero entonces te coopero para el taxi, ¿vale? ¿Quieres más café? We, yo te dije que si querías un tequila o algo más. Ahí están todas las botellas, dime qué quieres y te lo preparo.
Está bien, prepárate lo que quieras…
II
La primera vez que Renata me pegó, estábamos en su casa. Antes, habíamos ido a la tienda y ahí fue donde todo comenzó. El chamaco que atiende se me quedó viendo, y me insistió en que me llevara las galletas que Reny me había ofrecido, que más noche me iba a dar hambre, pero además me dijo “Sofi” y para qué quieres…
Me la comenzó a hacer de pedo en el camino, pero al llegar a su casa, nos encerramos en su cuarto y comenzó a decirme de cosas. Yo estaba bien sacada de onda, pero según ella, había estado de perra con el Juancho. We, el chamaco está lindo y todo, no te lo voy a negar, pero ni siquiera es de mi gusto, no es mi tipo, tú mejor que nadie sabe cómo es el Arturo: grande, corpulento, velludo. A mí no me gustan así de flacos. Y we, no dudo que lo haya visto, pero no de la forma en que Renata me decía.
Pues al negar las cosas, y al decirle que no, parecía que más se calentaba, hasta que me soltó una cachetada. Luego se dio cuenta de que la había regado, me abrazó con todas sus fuerzas, me dijo que me amaba, que tenía miedo de perderme. Me pidió perdón. Según ella, la forma que yo la trataba y que la relación que tenía con mi familia la hacían dudar, la hacían sentirse que me perdería.
Obviamente, pinche casita de Infonavit, toda la familia se enteró del desmadre, pero como ella es la que pagaba todo ahí, pues nadie decía nada. Yo ni quería salir, pero íbamos a cenar todos juntos. We, pues cenamos y como si nada, ella sonriendo, con sus chistes, yo bien incómoda y su mamá un poco seria, no conmigo sino con su hija. Tú sírvete lo que quieras…
III
Ahora me siento bien pendeja, porque me alejé de todos ustedes. Porque a pesar de todo esto que había sucedido, acepté vivir con ella. No sé cómo soporté tantas cosas. Yo la quería, pero ahora ya no sé.
Esa canción, fue nuestra canción “…eras tú y era yo, bailando sin miedo a lo que pasa…”. O sea, sí la quiero, pero definitivamente no pienso regresar, ni dejarla volver.
Borró todo de sus redes sociales. ¿Sabes cuánto tiempo debió tomarle elegir cada publicación? No dio de baja sus perfiles y comenzó otros. ¡No! Simple y sencillamente dedicó un chingo de tiempo a borrar cada foto, cada comentario, cada publicación que estuviera relacionada directa o indirectamente conmigo. No estoy enojada, estoy decepcionada y de esta no hay vuelta atrás.
¡Ay ajá! Eso lo dices porque ya estás tomada…
¿Sabes? Me gusta que me abraces. No te vayas, quédate hoy.




