RELATOS DE VIDA
La casa estaba enferma, así se veía en los techos y las paredes, paulatinamente fueron apareciendo manchas que se fueron extendiendo con el paso del tiempo, y que iban contagiando todos los rincones.
A la par de la suciedad, también comenzaron a surgir insectos, primero fueron las arañas que tejían grandes telarañas principalmente en las esquinas de los espacios, aparecieron en el baño, la sala, los cuartos y en la cocina.
Después le siguieron las hormigas que invadían la mesa ante la mínima migaja o resto de comida, y aparecían en el fregadero, el lavamanos y en las orillas de las puertas, marcando su camino.
Y no tardaron en surgir las cucarachas, se podían ver en las paredes del baño, por debajo de los sillones, los muebles y las camas, entraban sin miedo por debajo de las puertas y se paseaban sin vergüenza ante la mirada de asco de los habitantes.
En cada aparición de los insectos se intentaba matarlos, se tiraban a la basura y se realizaba limpieza profunda, con vinagre, cloro y un líquido para aromatizar, y se sellaba con insecticida.
Durante un lapso de tiempo, los brotes desaparecían pero no tardaban en regresar; hasta que se tuvo que recurrir a la fumigación, con lo que lograron un poco de calma al interior del hogar.
Sin embargo, pese a que el tiempo sin observar rastro de los bichos fue más extenso, regresaron al espacio que parecía era suyo y acudían a reclamarlo, colmando la paciencia de los inquilinos.
En una poda de pasto del jardín delantero, el jardinero también recortó las ramas de un higo que se encontraba a un costado de la vivienda, y los insectos salieron a borbotones, habían hecho en las raíces su espacio de convivencia.
Al proceder a fumigarlos y después retirar sus pequeños cuerpos, el profesional halló una bolsa que en su interior contenía fotos de la familia junto con una imagen demoníaca; al sustraerla de la tierra la mostró a las víctimas.
El escalofrío recorrió el cuerpo de todos los presentes y sin dudarlo la llevaron a una mujer encargada de hacer limpias, quien con huevo y fuego realizó un ritual para quitarles el mal que les habían mandado.
Los bichos desaparecieron en su totalidad, a la par que les llegaron los rumores de que la vecina, dueña del higo, empeoraba en su salud al igual que la apariencia del árbol; lo que hizo recordar a la familia de una pelea con la residente ante la petición de podarlo por la obstrucción del paso y la luz por su extensión. Después de una semana, las noticias dejaron de llegar y el higo se terminó por secar.




