Taco

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Memento 

“I like to eat, you like to eat. Everybody wanna have a dinner like me…
Ay-yay-yay, I like to eat… Tacos, tacos, tacos, tacos, tacos, tacos (burrito, burrito)”
Tacos – Little Big

La palabra de esta ocasión proviene del español “taco”, que en origen significaba tapón, cuña o pedazo corto y grueso de algo. Su raíz se vincula con el francés antiguo “tac”, que hacía referencia a un trozo o pieza que tapa o ajusta algo. Desde la Edad Media en España, un taco podía ser: un pedazo de madera para rellenar, un trozo de pan, un pedazo de carne, incluso el “taco” del arcabuz (el tapón que contenía la pólvora). Es decir, la idea central siempre fue un pedazo compacto.

Ahora bien, el salto gastronómico ocurre en México. Aquí la palabra empezó a usarse para designar un bocado formado por un pedazo de tortilla doblado con algo dentro. Algunos historiadores sugieren que los mineros del siglo XVIII llamaban tacos a pequeñas cargas envueltas en papel -por analogía con los tacos de pólvora- y el nombre terminó trasladándose a la comida envuelta. Con el tiempo, el término se volvió identidad nacional. Hoy, cuando alguien dice “taco”, no piensa en un tapón de madera, piensa en pastor, suadero, barbacoa, canasta… piensa en la cultura.

“Tacos, tacos de canasta, tacos”. Si leíste la frase anterior con un tono en particular, engrosando la voz, sabes perfectamente la autora de esa frase célebre y fíjate qué interesante: la palabra taco significa pedazo que contiene algo dentro. Solo que ahora, además, contiene historia.

“Los tacos de Don Memo”, hago referencia a unos tacos en particular, un puesto que se colocaba -o coloca- en la esquina de Mejía y Cuauhtémoc en mi Bella Airosa. Hace unos cuantos lustros, ese puesto llegaba por ahí de las 22:00 horas y permanecía hasta la madrugada. En esos ayeres era el último recurso para bajar la borrachera que se había alargado, el único puesto que podías hallar abierto por la madrugada. Comer tacos de Memo era una Ruleta rusa diarreica, no creo que por malos, de ser así todos nos enfermaríamos; sin embargo, ese suceso diarreico solo afectaba a uno o dos de la pandilla. Siempre lo atribuimos al exceso, no señalamos si fue de alcohol o de tacos a esa hora.

Hace tiempo iniciamos un debate sobre el mejor taco, el taco al pastor se alzó como el ganador, pues puede consumirse desde el mediodía hasta altas horas de la madrugada. Un taco al pastor suele consumirse con alta elegancia después de una boda. El taco de barbacoa fue elegido como el mejor para crudear. El taco de carnitas es el mejor para llenar el tanque -el puerco es el animal que Diosito creó para eterna satisfacción de sus creyentes-. El taco de guisado y el taco placero fueron descalificados por su promiscuidad culinaria, pues tan solo es una tortilla resguardando una cantidad de cualquier comida, es decir, no es especializado. A diferencia del taco de canasta que se especializa en frijol, papa, chicharrón prensado y un par de ingredientes más. Este último fue el mejor calificado, en cuanto a costo-beneficio en su versión de brunch -que es como se le llama muy mamonamente a la fusión de desayuno (breakfast) y almuerzo (lunch) que se sirve a media mañana, es decir, entre las 10:00 y las 13:00 horas-.

Nada como “echarse un taco”, en México un taco puede serlo literalmente, o poder compartir los alimentos a cualquier hora del día. “Vamos a echarnos un taco” puede significar comer una pizza, una torta o acudir a un restaurante. Situación muy distinta a “echarse un taco de ojo”, que más que culinario resulta un deguste visual.

El taco es democrático porque cabe en la mano de cualquiera. El taco no se explica, se vive. Y como toda buena metáfora, es una tortilla abrazando algo, quizá eso somos, un ser que contiene algo más… historias y memoria. Ustedes disculpen lo filósofo caguamero, tuve un Jueves de clases Martinianas.

La conseja de hoy

Todos sabemos del mejor lugar para comer tacos y presumimos de nuestro descubrimiento, prometemos realizar una visita guiada y hasta agendamos el tour, aunque sabemos que rara ocasión se hará realidad, pues como solemos decir: “de lengua me como un taco”.

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