Un adulto responsable
“Sabes, Peter, yo también
tengo algo de otaku”
Paráfrasis de un meme
Crecí viendo Dragon Ball Z, Los Caballeros del Zodiaco, Doraemon y Pokémon. Eso para nada te hace otaku, simplemente eres un pequeño con ganas de ver televisión, como todos los morrillos de mi edad.
Y así fui creciendo, con uno que otro anime visto y recomendado por mis amigos y familia: que la Sakura Card Captor, que el Ranma ½, que la Heidi, que la Candy Candy, que el YU-GI-OH, que el Kenichi.
De pronto la vida se transformó en aquello que yo me negaba a creer: me había vuelto un amante del anime, un otaku hecho y derecho.
Llegó el día en que sabía lo que era tener coleccionables de Pokémon, aprendí a jugar al YUGI, me emocionaba con los capítulos interminables de Super Campeones y amé por siempre la canción de “Mi Corazón Encantado”, joya que quiero que suene en mi boda.
Para mí ahora es un orgullo decir que me siento identificado con la cultura oriental, esa que cree en dioses distintos a los de nosotros y que siempre tiende a inmortalizar sus tradiciones y costumbres.
Hoy, gracias al anime, sé muchas cosas que nunca habría llegado a imaginar y entendí que dentro de cada historia, dentro de cada “Camino del héroe” se esconde una profunda lección de vida y resiliencia por parte de los mangakas.
Veía un video en YouTube sobre Demon Slayer y cómo llegó a ser el hito que es hoy en día. Nunca hubiera pensado que los finales tan rancios de algunos animes (Naruto, uno de mis favoritos, incluído) se debieran a la cultura del trabajo a marchas forzadas por concebir un hitazo en manga, que posteriormente las grandes compañías pudieran explotar en forma de anime y en figuras de colección.
Lejos estaba yo de saber que Masashi Kishimoto (creador de Naruto), tuvo que trabajar en el funeral de su padre y que los productos son cada vez de peor calidad, porque la gente no sabe esperar.
Ya siendo un adulto, comprendí que lo mejor de la vida llega cuando no es inmediato, cuando nos costó trabajo, cuando hubo tiempo de contar la historia que nos llenaba el corazón en aquel momento.
Me gusta saber que tanto los nuevos otakus como los de antaño, podrán disfrutar de mejor calidad en las historias, ahora que el cine se ha vuelto un aliado poderoso para los animes.
Me agrada que ahora nos obligarán a tomarnos un par de años para contar lo que quiso plasmar el autor de forma adecuada, y no a marchas forzadas, porque así lo exigió la empresa a cargo.
Le he perdido la pista a los animes, no conozco casi ninguno de los nuevos, pero he oído hablar de One Piece (en su segunda temporada), Attack of Titans o del que escribí hace un momento, con Tanjiro como protagonista.
Ahora mismo estoy esperando a ver la última temporada de Naruto con las voces en español y espero que las nuevas historias de otras latitudes (como Corea, con sus manhwas y sus webtoons) me roben el corazón.
Porque la última vez no me pude resistir y terminé leyendo el manga de “Alice in borderland” antes de que Netflix sacara su versión. Ninguna de las dos las entendí, como no entiendo hasta ahora Evangelion, pero al menos me regresaron la pasión por seguir una buena historia una vez más.
Nota: Ojalá aprendamos a esperar por una historia que nos enamore a primera vista y sepamos esperar hasta que a los creadores se les antoje darnos algo de la misma calidad, porque la premura crea adefesios como la tercera temporada de “El Juego del Calamar”.



