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Hidalgo
miércoles, enero 7, 2026

Universo que cambia, que camina

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LAGUNA DE VOCES

Ahora llueve cuando ya casi es Nochebuena. El frío es el de otros años, es puntual en su presencia, pero que sea acompañado por ligeras gotas de agua, que sin embargo son constantes, transformó la noche de ayer en algo diferente, no sé si mejor, pero diferente, cuando dábamos por hecho que sería como siempre.

Tal vez ese sea el sentido de la vida, que nunca deja de sorprendernos, poco o mucho, pero nos salta por el balcón del cancel que da al parque, y decide representar una nueva forma de iluminar el camino por donde vamos todos los días a sumar más días a las hojas de un calendario que parece el de siempre en apariencia, pero no lo es.

Miro, me detengo con paciencia para distinguir en qué ha cambiado el lugar que desde hace más de diez años veo desde la recámara. Pareciera el mismo, pero no lo es, sencillamente porque los árboles son adultos, altos sin otra aspiración que dar sombra cuando se nos ocurra sentarnos en unas bancas que nadie usa.

Hay un cambio constante, a veces imperceptible, pero somos ajenos a la capacidad de observar, que nos resulta un escenario familiar, y por familiar creemos que es inmutable, pero no lo es, y la familia menos, que al paso de los años crece cuando nacen nuevos integrantes, y disminuye si otros mueren. Parece que hay un equilibrio celestial, aquí sí, para nunca dejar que alguien se quede solo, aunque esto sucede con frecuencia cuando nos negamos a escuchar la voz única y vibrante del corazón.

La constante es cambiar, crecemos para dejar de ser los adultos de ayer, y hoy agregar mayores, viejos pues, pero adultos mayores si deseamos ser menos agresivos en los términos.

Si todo cambia, es que el universo, efectivamente, corre a casi un millón de kilómetros por hora en su etapa de crecimiento, de expansión, y lo mismo hará cuando emprenda el camino de regreso y luego reventar, si es que esa teoría es real, o solo un invento para intentar entender el origen, nuestro origen.

¿Entonces no queda nada del niño que fuimos, del amor que profesamos con intenciones de eterno por la persona amada?

Algunos dirán que no, que de aquellos tiempos solo queda el recuerdo, y que nuestra misión fundamental es no quedarnos quietos, porque si eso llega a suceder el universo frenará de repente y tal vez no haya poder alguno que le permita volver a caminar.

Creo sin embargo que el amor real nos prende luces en el camino, nos guía a un lugar que desconocemos, pero al que debemos llegar, porque ese es el único fin de la existencia humana: moverse siempre para llegar al lugar que nos fue asignado desde que nacimos.

El asunto fundamental es no olvidar, nunca olvidar, que sin amor nos perderemos irremediablemente, y acabaremos por caminar una y otra vez la misma senda, para dar por hecho que nada, absolutamente nada cambia, y luego entonces estaremos perdidos hasta que se prenda de nuevo una luz en el camino.

Mil gracias, hasta mañana.

jeperalta@plazajuarex.mx
@JavierEPeralta

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