Una casa sin territorio

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CONTORNOS LITERARIOS

Título del libro: Territorio genealógico

Autor: Samantha Salinas

Editorial: HIJA Editora

Sentir que no perteneces al lugar que habitas, ese que recorres día y noche, pisando aceras color cemento, llenas de grietas y huellas de los otros que llegaron con la esperanza de encontrarse… o de olvidarse. Samantha Salinas incrusta en quien la lee, una semilla ansiosa de crecer entre tierra y agua, entre versos que se desplazan como una serpiente, nos muestra la realidad de habitar en una ciudad que apenas es alcanzada por los rayos del sol y la falta que hace el color verde de un jilote en nuestra cotidianidad.

Ilustrado por Florida de la Llana, “Territorio genealógico” no solo adopta la forma de un poemario, también se vuelve una carta abierta de quienes tuvieron la suerte de crecer entre pastizales y monte, donde lo común era llegar a casa con los zapatos llenos de tierra y bañados por la humedad del ambiente.

Si para alguien que creció entre la dureza y la frialdad de una ciudad a veces resulta agotador habitar este lugar, textos como “Climatérica” —poema con el que inicia esta obra— nos muestra los efectos de estar lejos de tu lugar de origen, ese donde las hierbas, los ríos y los cacomixtles se convierten en la cura contra la enfermedad que provoca la orfandad de territorio, la migración.

“La herida / así como la casa / así como el territorio: / me sangran” (Salinas, 2025, p.31).

Es en “Quelite cenizo” donde nos describe cómo nacen estas plantas comestibles, su apariencia y el compañero que crece a su lado: el maíz. Y entonces se despeja la memoria, cuántas veces hemos menospreciado estas plantas, a veces llamadas maleza, sin saber que con ellas se cocina el territorio, acompañadas de una tortilla caliente recién salida del comal, con un chile verde picado y una rebanada de queso fresco.

Finalmente, la serpiente concluye su recorrido en “Lumbalgia”, donde el sistema se convierte en daga, que cada tanto nos lacera y deja huella; ese que ve cada despojo como un triunfo, al que le brillan los ojos cuando los árboles caen, convirtiendo nuestro territorio —ese del que él no viene, donde él no nació— en una mina de oro con fecha de caducidad; condicionando nuestro valor con la productividad diaria. Ese sistema que nos tiene aquí, entre muros y pantallas, y no allá, entre cantos de aves que anuncian el amanecer.

“A mí me duele la misma vértebra del mundo: / la de tener que elegir una / entre todas / las necesidades” (Salinas, 2025, p.50).

ILSE RODRÍGUEZ CASTAÑEDA. Editora en Diario Plaza Juárez, si la ves en campo es porque se escapó del trabajo en computadora. Fotógrafa de lo cotidiano, lo real y apático.Año: 2025

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