Silencio, teclas sonando y una persona nueva tras la piel de una extraña conocida: la que llamaba todos los días a su alma para asegurarse de que siguiera con vida; aquella a la que le costó pertenecer a un lugar fijo, a la que le costó serle fiel a su esencia y no cambiar nada, aunque algún sujeto la juzgara; esa persona que siguió sanando, caminando y hablando; la que veía la vida en tonos grises y con ello hacía pinturas de paisajes tristes.
Hoy deja su pasado, el que tantos meses cargó hasta perder su propia voz, pero el mismo que la ayudó a no tener temor. Es el mismo reflejo; no ha cambiado nada más que un solo sentimiento: ya no hay algo que le pese en el pecho. Ahora puede moverse sin esfuerzo; sus manos se enlazan con el aire, sus pies danzan sin sentido y en su cuerpo siente presentes sus latidos. La melodía del fondo es tan diferente a lo que acostumbra escuchar, pero es eso mismo lo que la incita a bailar, porque la extraña y ella son la misma persona, aunque ahora ya no se siente sola… se ha encontrado aún estando rota.
MAYRIN CITLALY VARGAS CONTRERAS
18 años, estudiante.
Siempre he estado interesada en las artes y en la forma en que podemos comunicarnos a través de ellas. Me gusta bailar, escribir, tomar fotografías y explorar diferentes formas de expresión, como en el teatro y la radio. Actualmente también trabajo en mis propios proyectos de escritura. Me considero una persona creativa, curiosa y sensible, buscando siempre aprender cosas nuevas y encontrar nuevas maneras de expresar lo que pienso y siento.


