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Hidalgo
jueves, febrero 12, 2026
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Un saludo para mi hermano Beto

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LAGUNA DE VOCES

A tres años de tu partida, el poder se mantiene como el eje central en la actividad de buena parte de los políticos, unos más obsesionados, otros no tanto, y los menos, con la certeza de que la vida simple y cotidiana, contiene aspectos más importantes y gratificantes, solo posible de mirar y aceptar cuando uno se hace viejo. Te confieso querido hermano, que cada día hay menos personas con la fe que tuviste siempre, inspirada en el Galileo asesinado, pero al que guiaba el amor, que hoy estoy cierto, es la única llave universal para abrir las puertas de la felicidad.

Aquí en Hidalgo, en tu oficina que siempre tengo la certeza que te da descanso cuando así lo necesitas, en tantas tareas que seguro te encomienda el humilde carpintero de Nazaret, a veces me detengo para decirte que tu capacidad para dar consejo al que lo solicitaba, nos hace falta en momento complicados, que son muchos. Porque cuando me decías con voz serena que todo habría de pasar, y que la compasión hacia nuestros semejantes era un principio básico para estar en armonía con Dios, estaba seguro, absolutamente seguro que así sería. 

Ahora creo que intentar siquiera trascender en el tiempo, y buscar ser recordado por multitudes, es algo irreal, y solo la familia más cercana, las personas que deveras nos amaron, sabrán buscar a quien aconsejaba, a quien nos escuchaba y nos regalaba generosamente sus palabras, como tú siempre lo hiciste.

Hay muchas cosas que han pasado en estos tres años, aunque estoy seguro ya sabes del nacimiento de tu nieta y tengo la seguridad de que platicaste con ella, para contarle del pueblo de papá, de mamá, del alma del poeta nacido en un pueblito de laguna inmensa, que por las noches se transformaba en el planetario más avanzado del planeta.

Te platico que hace poco vi una serie en televisión que se llama Los Elegidos, y la escena que más se me quedó en la memoria, es cuando el discípulo Pedro, al ver que su maestro caminaba sobre las aguas del Mar de Galilea, afirma tener fe y luego de dar unos pasos empieza a hundirse. Una mano logra sacarlo del agua, y él, igual que todo humano, lo abraza y le pide que no lo suelte, que nunca lo suelte.

Así caminaste tu vida hermano, siempre de la mano del humilde carpintero, y por muchas razones hoy que en la víspera del aniversario de tu partida escribo, me doy cuenta, con la posible seguridad que dan los años, de lo vital de tu palabra para darnos esperanza no solo a mí, sino a cada una de las personas que gustaban platicar contigo.

Empiezo a comprender un poco más la visión que tenías de la vida, la vocación por entender a cada persona a través del amor, igual que nuestro hermano Toño, igual que la mirada de mamá cuando, me cuenta Jorge, llegaban del seminario al pueblo en vacaciones.

Más temprano que tarde nos encontraremos, pero en tanto, ya de noche en este miércoles 11 de febrero del 2026, algo me tranquiliza en días y meses de angustia por lo económico, y es el saber que todavía te das tiempo de mirar por cada uno de tus hijos, de tu hermosa nieta, de tu esposa, de tus hermanos, de Yola, guía fundamental de todos nosotros.

Así que al rato apago la computadora, apago las luces y asomo el oído a tu oficina, para saber si hoy decidiste venir a releer tus libros favoritos de historia, los de filosofía y escuchar tus discos que ponías cuando escribías.

Siempre te recuerdo y siempre estoy agradecido porque tu consejo era y es certeza para enfrentar las aguas, a veces caudalosas de la existencia humana.

Mil gracias, hasta mañana.

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