Un homenaje para Martín Vicente

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Un adulto responsable 

“Y hay un tonto, que abrazado a una guitarra, está cantando una canción que te gustaba…”
— Lágrimas, Sal y Limón, Bronco

Los primeros recuerdos con mi papá se remontan a mis tiempos en el preescolar, él enseñándome a “manejar” un Apache, bañándome en el patio del recinto (cosa que hoy está mal vista) o dándome un tostón para gastar (en esos tiempos alcanzaba para algunas cosas).

Y aprovechando que estamos en tiempos mundialistas, también me acuerdo de ese hombre levantándose de madrugada para ver los partidos del mundial de Corea-Japón. Ese señor sabe de fútbol (aunque ya no lo ve tanto), su único defecto fue escoger a Cruz Azul como equipo.

De mi padre aprendí que las letras siempre serán más importantes que el género en que se canten. Él es fan de Bronco, Los Temerarios, Recuerdos Jóvenes y los grandes clásicos, pero alguna vez lo oí cantar a JotDog y supe que la música “nueva” no le desagrada del todo.

Hoy ya es un hombre jubilado, pero fue un profesional durante su vida laboral. Un médico con todas sus letras. Su perfil destacó por sus conocimientos y su humildad, pero sobre todo, por la calidez en el trato hacia sus pacientes. 

Admiro mucho a mi papá porque encontró su vocación y la supo seguir hasta el final. No fue nunca muy puntual para llegar a la chamba, pero jamás faltó sin una razón de peso. Si hay un ejemplo para mí en la vida laboral, sin duda se trata de él.

Hombre metódico y calculador, lo vi hacer cualquier crucigrama, sopa de letras y acertijos que se cruzaran en su camino. Y lo más sorprendente fue observar cómo fue capaz de resolver el cubo de Rubik sin ningún conocimiento previo. Hoy la gente presume de algoritmos y de rapidez, pero mi papá supo verlo como para lo que fue pensado: un reto matemático.

Mil gracias a mi papá que ha sabido darme lecciones increíbles con la fuerza del ejemplo y que me dio las herramientas para que aprendiera las faltantes por mi cuenta. Y como diría la famosa canción: “No es perfecto, pero se acerca a lo que yo, simplemente soñé”.

En el marco del Día del Padre, le dedico estas líneas, para decirle que lo quiero, que lo admiro y que agradezco el tiempo que Dios me lo ha regalado en mi vida, porque él me formó como hombre y me dio las ventajas que muchas otras personas sueñan con alcanzar algún día.

Sé que su legado vive en mí, y me da gusto entender que en lugar de una carga pesada, se siente como un viaje ligero en el que sé que no va a estar decepcionado si fallo, porque supo hacer de su estandarte el trabajo duro, la templanza y la resiliencia. 

Nota: Ojalá algún día llegue a ser la mitad de la gran persona que es mi papá. ¡Y que Dios le dé mucha vida!

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