Seguir funcionando no significa estar bien

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El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, y aunque sabemos que es importante, sigue siendo un tema incómodo porque casi nadie sabe cómo hablar de él. Empecemos con una idea importante: a veces una persona no quiere morir; quiere que algo deje de doler.

Quiere que se calle el ruido de su cabeza, que termine una relación que la está destruyendo, que desaparezca la presión, la soledad o ese trabajo que le vació el alma. Cuando el dolor se vuelve insoportable, la mente puede dejar de ver alternativas. No porque no existan, sino porque en ese momento no logra encontrarlas.

Y no, el sufrimiento no siempre se nota. Creemos saber cómo se ve alguien que está mal: triste, aislado, llorando, sin ganas de levantarse. Pero hay personas que siguen trabajando, hacen chistes, contestan mensajes, pagan cuentas y hasta salen con amigos. Funcionan, y nosotros confundimos funcionar con estar bien. Es como ver un coche avanzar aunque el tablero esté lleno de focos rojos.

También creemos que hay que tocar fondo para pedir ayuda. Que tenemos que estar destrozados para decir “ya no puedo”. Como si el dolor tuviera que justificar su existencia. Pero si algo duele, duele y punto.

Y hay una frase que me hierve la sangre: “solo quiere llamar la atención”. ¿Desde cuándo necesitar atención cuando estás sufriendo es algo vergonzoso? Si alguien está desesperado por ser visto, quizá lo que está intentando decir es precisamente eso: “no puedo con esto solo”.

No se trata de adivinar intenciones ni de convertirnos en salvadores, se trata de tomar en serio el sufrimiento.

Y aquí hay algo importante: preguntarle directamente a alguien si está pensando en suicidarse no le “mete la idea”. Preguntar puede abrir una puerta. A veces basta con decir: “Te noto diferente. ¿Estás pensando en hacerte daño?” así, sin juicio. Y después viene una parte todavía más difícil: escuchar sin querer arreglar.

No siempre hay que decir “échale ganas”. No siempre sirve recordarles a sus hijos, sus sueños o todo lo bonito de la vida. A veces lo más humano es sentarse junto a alguien y reconocer que no sabemos exactamente qué decirles, pero que no los dejaremos solos. Quizá no tenemos las palabras perfectas. Pero podemos quedarnos.

Y si tú eres quien está pasando por un momento así, tal vez hoy no necesitas resolver tu vida completa. Quizá la pregunta no es ¿cómo termino con todo?, sino ¿qué parte de mi vida necesito que cambie?

Tal vez no quieres dejar de existir, tal vez quieres dejar de vivir como estás viviendo. Y sí, cambiar da miedo. Renunciar, poner límites, terminar una relación o pedir ayuda. Pero hay más opciones de las que el dolor te permite ver en este momento.

No tienes que resolverlo todo hoy, pero sí puedes permitir que alguien sepa lo que está pasando, hablar, pedir compañía, buscar ayuda profesional.

El 10 de septiembre no debería servir únicamente para hablar de quienes ya no están. También debería recordarnos algo: antes de desaparecer de una vida que duele, quizá vale la pena preguntarse qué es lo que necesita terminar para que tú puedas quedarte. Porque mientras estás aquí, puede haber otra manera.

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