Un adulto responsable
Si me dejas no me olvides, por favor, nunca me olvides
tú sabes cuánto te quiero, que desde siempre te quise…
Me voy a quitar de en medio – Vicente Fernández
Soriana
Recuerdo a mi tía cada sábado en la mañana sacando cuentas y asegurándose de que había presupuesto suficiente para arrancar la aventura: ir al Soriana era su ritual. Uno que después heredó a sus hijas. No solo compraba, se aseguraba de que le respetaran cada oferta, cada punto en su tarjeta y cada pago que realizó con ella antes de la fecha de corte. Esa tradición continuará todo el tiempo que siga viva, pero las opciones no tanto, con el cierre de la sucursal de San Javier y el pleno auge de Aurrera (que ya tiene hasta “express”), tal vez la tienda tenga la misma suerte que Gigante y desaparezca. Ojalá que no, pero, ¿y si sí?
El número de mi ex
Hubo un momento en el que Telcel te dejaba registrar números a los que podías llamar de forma gratuita a tres personas, siempre y cuando las llamadas duraran menos de cinco minutos, porque pasado ese tiempo, se cobraban. ¡Cuántas noches nos pasamos del tiempo estipulado! ¡Cuántas noches hablamos más de 2 horas en intervalos de 4:52 segundos! Hoy esa mujer ya no tiene mi número de teléfono, y aunque yo juré que jamás olvidaría el suyo, de hecho, ya no lo recuerdo.
Mis viejos trabajos
Hace unos días revisé mi computadora viejita, en busca de unos documentos que tenían valor sentimental. Y me encontré con algunos de los trabajos que según yo serían de la más alta calidad y al releerlos pude darme cuenta de que, si bien sirvieron para abrirme paso en la carrera, tenían bastantes errores que hoy no cometería. Tal vez esto sea un círculo virtuoso y al volver a leer estas líneas en un par de años, sepa exactamente qué les hubiera cambiado para mejorarlos, mientras tanto, me quedo pensando en que sí he progresado.
Una ciudad tranquila
Nuestra querida capital ha crecido a pasos agigantados, cada vez hay más empresas volteando a ver nuestro estado y eso ha repercutido en nuestra bella Pachuca y en el tráfico que hay en ella. Con la llegada del Tuzobús cada vez perdemos más tiempo en el transporte público, pero manejar tampoco es una opción viable. Extraño cuando las combis pasaban casi en frente de la casa de uno y te dejaban del otro lado de la gran ciudad. Hoy, eso solo es un recuerdo. Y mis esperanzas de que eso cambie, se fueron con el camión guinda, que con este gobierno sería muy popular.
El que era yo antes
Extraño mi vitalidad, mi energía pueril, la forma en la que vivía hace unos años. Pero con la adultez vienen los problemas, los horarios, las frases que ya sabes por qué son ya adagios populares y los chismes que antes no nos contaban por estar “demasiado chicos”. La vida no te pide permiso, te avienta al duelo así estés preparado o no, pero se vale extrañar lo que fuimos alguna vez.


