RELATOS DE VIDA
Llevaba días con estrés severo, los problemas en el trabajo no se acababan, por el contrario, se intensificaban por las envidias, los rumores y la carga excesiva, y en la casa los pagos de los servicios la tenían abrumada.
Iniciaba el fin de semana y en lo que más pensaba era llegar a su casa, prepararse algo de comer, ponerse la pijama y recostarse en el sillón a ver películas, acompañada de una copa de vino para calmar los nervios y las preocupaciones.
Al salir de su oficina cambió los planes de comida y acudió a un restaurante chino para no tener que llegar a preparar, pidió todo para llevar y por su compra le obsequiaron una galleta de la suerte, que abrió para comer inmediatamente y conocer su fortuna: “Relájate y Disfruta”, decía.
De camino a su casa recibió una llamada de un amigo que hace mucho tiempo no veía para invitarla a cenar, pensó mucho en el ofrecimiento porque no quería cambiar los planes, pero observó el papelito de la fortuna y aceptó la salida.
Al llegar a casa, comió lo que había comprado de alimento, se metió a bañar para después elegir su atuendo, maquillarse, peinarse, cambiarse y dirigirse al lugar pactado con su amigo para disfrutar del momento.
Estaba cómoda con la plática, revivir momentos de la universidad, ponerse al día con la vida de ambos, y describir los planes que tenían en un futuro; la charla con unos muchos tragos, los llevó a seguir el encuentro en su casa.
Continuaron con la plática, bailaron, cantaron y siguieron bebiendo, la convivencia subió de tono, ocasionalmente se besaban y mantenían la plática, hasta que los besos y caricias eran constantes.
El estrés y las preocupaciones habían sido sustituidas, ahora se enfocaba en aceptar el siguiente paso que parecía inevitable tras varias horas de charla, bastantes tragos el deseo, cuando pensó que alejaría a su amigo para calmar el frenesí, recordó el famoso papelito de la fortuna, y simplemente se relajó y disfrutó.
Al siguiente día, al despertarse abrazados y sin ropa, la pena invadió la habitación pero desapareció al reconocer que el encuentro íntimo fue consensuado, amable y satisfactorio para ambos, se despidieron y coincidieron en repetirlo.
Un mes después, la preocupación regresó, se había retrasado en su periodo, y en ese momento realizaba la prueba de embarazo, que minutos después resultó ser positiva y recordarse que era el resultado de hacerle caso a la galleta de la suerte de relajarse y disfrutar.


