Un adulto responsable
Tengo miedo de tus ojos, tengo miedo de hablar.
Tengo miedo de quererte besar…
Hoy tengo miedo – Fobia
Hace relativamente poco (20 de abril de este año), ocurrió una tragedia. Un hombre abrió fuego en la zona arqueológica de Teotihuacán y después se quitó la vida. Ese lunes se perdieron dos vidas en un lugar que goza, generalmente, de paz y por eso es centro de atracción para viajeros nacionales y extranjeros.
Horas después la presidenta del país dijo algo que se me quedó grabado en la mente mucho tiempo: “No hay arcos de seguridad en los sitios arqueológicos, nunca ha habido, ¿por qué? Porque no se había presentado esta situación”, declaración que fue muy criticada por la oposición, pero que yo la aterricé a algo más amplio: ¿por qué siempre hay que temer lo peor y actuar en consecuencia?
“Estaciona el carro por acá para poder estarlo checando y que no le pase nada”, “No dejes a la vista ninguna de tus cosas de valor a la vista, para no dejar ‘tentaciones’”, “aprende a meterte como demente, aquí nadie te da el paso jamás”, son algunos de los consejos que me han dado sobre la manejada y el carro (por citar un ejemplo de la vida cotidiana, pero de esos hay muchos y muy variados). Y es que la gente tiene un miedo real a que lo malo pase. La gente no es tan ingenua como yo.
Porque yo sí confió en que lo bueno va a pasar, que nadie me va a robar, que voy a llegar sin mayores inconvenientes a mi casa, que la gente va a ser buena onda si te acercas y preguntas por cualquier cosa. Pero entiendo que la fe no se perdió de un día para el otro, que el miedo no nació de la noche a la mañana, entiendo que cada quién habla según le fue en la feria… pero mi mente ya tiene demasiado por lo cuál preocuparse.
Suelo dejar que mi cabeza se llene de pequeñeces de la vida cotidiana que según yo son los problemas graves y el resto se lo dejo a la suerte, a Dios que me ilumina y a la buena voluntad de las personas que me rodean.
Claro que me han pasado cosas muy feas, claro que me han robado, estafado y mentido, pero si dejo de confiar, dejaré de vivir contento (lo sé porque lo he intentado).
Así que voy a vivir buscando dejar el miedo atrás, y cuando me vuelva enamorar voy a ir con todo, y voy a estacionar el carro e irme tranquilo sin salir a ver si no me lo han robado cada 5 minutos. Voy a confiar que en el trabajo no me están cargando la mano con “alevosía y ventaja”, que mi banda favorita seguirá sacando canciones buenas y no nos obligará a vivir de la nostalgia. ¡Que sí voy a aprender a jugar este juego que se llama vida!
Nota: Como diría el Balú de Tin Tan: “Busca lo más vital nomás, lo que es necesidad nomás…”.


