RELATOS DE VIDA
Ya llevamos media hora en la oficina del trabajador social, estoy sentado escuchando su sermón, desde hace 15 minutos dejé de prestarle atención, solo me sobo las manos, creí que mi plan funcionaría, solo necesitaba provocarlo para que me insultara y así iría a acusarlo para que le llamaran la atención y me dejara de molestar, pero me salió todo mal, jamás pensé que alguien grabaría y que ahora mi enemigo le esté mostrando la evidencia de que yo empecé todo, para colmo arrastré a mi amiga que simplemente venía para apoyarme.
—Esas actitudes no deben estar pasando jóvenes, apenas llevan dos semanas y ya tienen problemas. El lunes quiero aquí a sus papás para poner una solución a esta situación –indicó Felipe, el trabajador social de la secundaria a los dos adolescentes implicados en el problema.
No tengo problema en que vengan mis padres, ya les había dicho que estaba harto de ese pendejo, su sonrisita burlona por como me veo con el uniforme ya me tenía cansado, lo bueno es que no le pidieron a mi amiga Alondra que vengan sus papás, ella no tiene culpa de nada, solo ser testigo de la burla que me hacen a diario.
—Está bien, yo no tengo problema de que vengan mis papás, aquí en el video se ve que él comenzó todo, y yo ni siquiera me defendí —señaló José con una sonrisa aún más burlona que dirigía a Manuel.
Esa mueca de tener todas las de ganar por la supuesta evidencia que había mostrado, molestó de tal manera a Alondra, que se encontraba recargada de la puerta de la oficina escuchando lo que decían, que provocó que la sangre le hirviera, encogiera las manos y apretara sus dedos contra las palmas, que en un impulso reactivo propinó un derechazo a la cara de Manuel, quien tras el impacto cayó al piso desconcertado.
Inmediatamente el trabajador social se levantó para ayudar al chico golpeado a levantarse y se colocó frente a la chica para evitar más golpes.
—¿Qué te pasa, por qué golpeas a tu compañero? Tu acción me indica que pese a que vinieron a señalar el incidente, en verdad los culpables son ustedes. También quiero a tus papás el lunes en mi oficina —sentenció con voz enérgica Felipe por la conducta de la jovencita.
—No tengo problema, mis papás también saben de las patanerías de este estúpido y ellos me dijeron que me defendiera, y eso es lo que hice —replicó Alondra con voz temblorosa por la adrenalina de lo que acababa de hacer.
El trío de jóvenes salieron de la oficina con la indicación tajante de la autoridad escolar, cada quien con su grupo de amigos para contar lo sucedido.
Al concluir la faena escolar, la campal se desató en la salida, ambos grupos se golpeaban descontrolados, maestros trataban de separarlos, alumnos gritaban consignas de apoyo para su compañeros y alentaba la trifulca, y todo terminó con la llegada de policías, los papás y al otro día una nota periodística en primera plana de algunos medios informando el acontecimiento.


