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Hidalgo
sábado, enero 17, 2026
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Por si las dudas 

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RELATOS DE VIDA

Desde que se subió a su automóvil, el estómago le venía demostrando síntomas de incomodidad, gruñía ferozmente y los cólicos hacían que se doblara hacia el volante, con la cabeza erguida y con una mano tratando de relajar la molestia.

Respiraba profundamente, y mentalmente suplicaba a todos los santos que conocía que lo ayudaran a llegar a casa, incluso se imponía la imagen en la cabeza de abrir la puerta y llegar corriendo al baño para sacar todo lo que gritaba por salir.

En ratos dicha meditación le ayudaba y lanzaba algunos suspiros malolientes con los que se calmaba el dolor, pero al momento de relajarse al pensar que solamente eran aires comprimidos regresaban los estruendos estomacales y volvía a reclinarse.

En ese momento comenzó a pensar en otras opciones, pararse a la orilla de carretera y descender del vehículo para liberar el abono, pero al haber luz de día descartó la idea inmediatamente; lo más factible era llegar a los baños de una gasolinera que estaba casi a la mitad del camino a casa.

El pensamiento lo calmaba un poco, al ver el letrero del establecimiento la alegría llenaba su ser, bajó la velocidad, acomodó la unidad en uno de los cajones, casi enfrente de los baños, tomó sus llaves y una moneda de 5 pesos que había colocado en el tablero para entrar al sanitario y bajó presuroso, pero para su sorpresa la caja solamente recibía monedas de 1 peso.

Corrió hacia los despachadores de gasolina para cambiar por monedas, y una vez con ellas en la mano, regresó caminando rápidamente, tratando de apretar y ya con una mano en donde nunca pega el sol para evitar que el desecho saliera.

Con la otra mano temblorosa, colocó las monedas, al sonido de la puerta la empujó y entró al sanitario más cercano, y al momento de desabrochar el pantalón, todo explotó, el esfuerzo del caminado y la desesperación le jugaron una mala broma.

Terminó de sacar lo que no había salido y con el alma ya en su cuerpo, aunque embarrado, se quitó el pantalón y la ropa interior con la que limpió lo que había quedado manchado en la taza y el piso para después tirarla a la basura, después con el papel removió la suciedad del pantalón y de su moribundo ser ya saciado, se colocó el pantalón, lavó perfectamente sus manos y salió caminando con incomodidad y dejando un ligero olor a podrido.

Desde entonces no volvió a esa estación de gasolina, y carga en su automóvil un cambio de ropa, unas pastillas para la diarrea, fragancia para hombre y aromatizante, por eso de las recochinas dudas.

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