Poder es servicio

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RETRATOS HABLADOS

En Epazoyucan, el gobernador de Hidalgo, Julio Menchaca Salazar, retomó una tesis fundamental de para qué sirve el poder en un gobernante, al remitir la respuesta a una sola palabra: servir. Sin este simple, pero vital ingrediente, no son pocos los hombres y mujeres que además de perder piso, pierden la razón en un camino sin retorno del que, regularmente, resultan damnificados los ciudadanos.

Recién cumplidos los 66 años de edad el pasado 27 de diciembre de 2025, es un hombre maduro que evalúa y aquilata cada una de las aristas de un problema, para no actuar de manera arrebatada en ningún caso. Es juicioso en tiempos que la toma de decisiones al bote pronto, abundan con lamentables consecuencias.

Alguna vez, en entrevistas concedidas a este medio informativo, le insistí en los peligros que genera un poder como el que otorga ser gobernador, y a veces la imposibilidad para no caer en la tentación de tomar el mismo camino de los que terminaron sus sexenios en medio de verdaderas tormentas por caer en la tentación del que grita, “¡aquí solo se hace lo que yo mando!”.

Su respuesta no ha variado, y debo anotar que eso es bueno, porque de ese tiempo en que aún era candidato o en los primeros meses de su administración, afirmaba que poder que no se pone al servicio de la ciudadanía, no solo es inútil sino presagia desgracias.

El próximo 05 de junio rendirá su Cuarto Informe de Gobierno, es decir entrará a la recta final, aunque son insistentes las versiones que lo colocan en el equipo de la presidenta Sheinbaum. Pero sigamos la cronología lógica de todo gobernante, para destacar que, al cruzar el umbral de la última tercera parte de su mandato, los engranajes de la gran maquinaria política se habrán puesto en marcha.

Y es precisamente en ese instante, cuando el político que mantuvo su compromiso de no dejarse enervar por el poder, dar la espalda a lisonjas simples y baratas que buscaban hacerle creer un casi semidios, rinden su fruto, porque llega en paz consigo mismo, con su familia y por supuesto con sus electores. Tres asuntos que parecen simples de ser mantenidos sin complicaciones, pero que casi nadie, o nadie, logra.

Porque el principal trabajo que toda persona de poder debe realizar todos los días, en preguntarse si el largo, larguísimo camino para lograr acceder a un cargo de elección popular, ha valido la pena, y si la respuesta siempre será en el sentido de que le permitió servir a los que menos tienen, a través de una labor inteligente y alejada de la soberbia.

La explicación en el asunto político es que ese es, y debe ser su único objetivo, a diferencia del empresario que se puede calificar de éxito, si logró acumular más recursos económicos. En el servicio público el objetivo es otro, y se deriva incluso de su mismo nombre: servicio, servir.

Resulta pues alentador observar a un gobernante, que mantiene el sentido de su filosofía sobre el poder, y está cierto que así deberá ser hasta que concluya su mandato.

Mucho debería aprender presidentas y presidentes municipales, que de buenas a primeras se vieron sentados en la silla del que manda y dieron marcha, a todo vapor, al embeleso y enervamiento de tener el poder en sus manos.

El 90-10 tan impulsado en los últimos tiempos, que exige 90 por ciento de lealtad y 10 por ciento de capacidad, solo se ha traducido en personajes enfermos que nunca aprendieron la sencillez del servicio, antes que las complicaciones del poder mal entendido.

Poder, es servir. Es simple, pero terriblemente complicado para quienes ambicionaban llegar a él, y luego dispararse a las nubes del monte Olimpo.

Mil gracias, hasta mañana.

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