RELATOS DE VIDA
Se refugió en las hojas de su diario, traía muchos recuerdos, ideas, pensamientos, culpas, dudas y miedos rezagados, que la falta de tiempo y el cansancio no habían permitido fluir.
Empezó con los proyectos que estaban estancados y todas las emociones que eso le generaba, y la manera que ese cúmulo de sensaciones se mimetizaban en su cuerpo con achaques que medicamente no encontraban su raíz.
Agarró ritmo a la escritura y todo lo acumulado se peleaba en la mente y la mano para poder salir, al grado de que la alegría, el llanto, la ansiedad, los miedos, angustias, entre otros sentimientos, se encarnaban en la piel, tan solo con repasar con la vista lo que estaba plasmado en el papel.
La fuerzas de las palabras y frases fueron causando estragos con un cansancio desbordado que originó un sueño profundo sobre el diario y la mesa en donde éste se recargaba.
Un grito fue la causa para despertar de ese sueño sumergido en tinta. Volteó a todos lados para recobrar conciencia y el origen del sonido, y en la ventana del cuarto, que se encontraba abierta, observó a una persona que se negaba a salir.
Al acercarse, pudo identificar una gran sombra formada de rayos, colores, letras, caras sonrientes y enojadas, tristes y preocupadas, todo lo que había escrito estaba concentrado en ese bulto que luchaba por quedarse, y su instinto fue cerrar la ventana y dejar que se fuera, para irse a descansar.
Tras un par de horas, el canto de algunas aves y el haz de luz que entraba por la ventana, funcionaron como el mejor despertador, estaba recargada encima de su diario y de la mesa donde éste se encontraba, volteó a todos lados y el escenario era más brillante y el aire se sentía ligero, inhaló profundamente, exhaló y comenzó el día con otro ánimo y semblante. Solo le hacía falta descargar en la escritura sus pesares.