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viernes, abril 4, 2025

Percepción

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MEMENTO

«Si te vienen a contar cositas malas de mí, 

diles que sí, que yo te dije que sí fui”

Si te vienen a contar – Cartel de Santa

Percepción del latín perceptio, que significa «acción de recibir, recoger o comprender». Se forma a partir de percipere (per- «a través de» + capere «tomar»). Es decir, percibir en esencia es atrapar la realidad con los sentidos y la mente.

La percepción no es la realidad, sino la versión pirateada que nos arma el cerebro con los materiales que tiene a la mano: recuerdos, emociones, sesgos y creatividad involuntaria. Como dirían los estoicos, no sufrimos por lo que sucede, sino por cómo lo interpretamos acerca de lo sucedido.

Nuestra comunicación cada día es menos certera, la interacción que tenemos con otras personas ya no es de voz a voz o de cara a cara, en muchas ocasiones es a través de un teléfono, es decir, a través de las redes sociales hoy en día se calculan aproximadamente 3 mil millones de cuentas en Facebook. En promedio en nuestras cuentas personales tenemos 400 amistades, y se considera que un 30% de ellas, son amigos realmente cercanos, vemos en nuestro timeline una minúscula cantidad de información ignorando todo lo demás. Es decir, solo ponemos nuestra atención en unas cuantas cuentas, y ni hablar de las demás redes.

  • Bueno
  • Bueno, mi amor, me caí de las escaleras en el trabajo, me revisaron y al parecer tengo una fractura en la pierna, no te preocupes, ya me lleva Ale al hospital, te aviso que pasa más tarde.
  • ¿Quién es Ale?

Ese chiste siempre me causa gracia. El interlocutor ignora la gravedad de la situación y se enfoca en un solo detalle: “¿quién es Ale?”. No importa la fractura, la caída, ni el hospital, solo importa ese nombre. Y nos reímos porque todos, en algún momento, hemos estado de uno u otro lado de la situación. Observamos lo que queremos percibir, sin importar el contexto. Lo mismo sucede cuando alguien da una conferencia y nos quedamos solo con la frase que nos conviene, ignorando todo lo demás.

Y este tipo de falta de comunicación, o mejor dicho, un exceso de interés focalizado lo llevamos al extremo, cuando escuchamos lo que queremos escuchar, vemos lo que queremos ver y solo leemos lo que queremos leer. No son pocas las personas que han comprado un colchón miniatura por Temu, porque no vieron las letras pequeñas. Creyeron que era un ofertón comprar un colchón de 1.90 x 2.90… centímetros, no metros.

Quien busca encuentra, y no es porque tenga poderes mentales o tengan abierto su tercer ojo -en buena onda- o hayan encontrado la iluminación. Encuentran lo que buscan porque en su percepción es lo único que quieren ver. No nos damos cuenta de la cantidad de autos azul chiclamino hasta que alguien -en ocasiones nosotros mismos- plantea esa idea en nuestra cabeza.

La idea de Martin Heidegger de que “No vemos las cosas tal como son, sino a través del filtro de nuestra interpretación personal y social”. Hoy la podríamos parafrasear como: “las cosas son como queremos verlas”, sin importar que haya información que contradiga nuestras creencias.

Algunos recordarán a la abuelita que, con su experiencia «ancestral», curaba a los bebés del mal de la “mollera sumida” colocando un dedo debajo del paladar o, en casos extremos, levantándolo de las patitas y golpeando las plantas de sus pies. Lo irónico es que, en lugar de eso, lo que realmente necesitaba el bebé era agua para evitar la deshidratación. En muchas ocasiones un par de percepciones matan a un full de realidad.

La conseja de hoy:

No es sencillo empatizar con el otro si solo vemos lo que queremos ver. Escuchamos para contestar, no para comprender.

Lean detenidamente para no comprar un letrero de mesa de cama, en lugar de la mesa de sus sueños.

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