Pan tostado y mermelada

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Jueves, casi media noche…

—Ma, quiero pedirte un permiso, cálmate no digas nada hasta que te cuente, mira, mi amigo Dante se regresa a México el sábado, y casi no he podido estar con él porque llegamos tarde a la casa, y pues quiero pedirte que me dejes hacer una pijamada —concluye la petición, y enfoca sus ojos, en ese momento grandes, en espera de una respuesta. Detrás de él, dos amigos más, los invitados a la pijamada, para saber qué contestará.

—Sabes bien que me tengo que ir temprano de la casa para ir a trabajar, no me gusta dejarte solo en la casa, además no hay mucha comida y yo regreso tarde —argumenta para anticipar la negativa.

—No te preocupes ma, nos vamos a desvelar, entonces nos despertaremos tarde, y su mamá de Dante dijo que al despertar nos fuéramos a su casa a desayunar, y pues en lo que llegas me como un bolillo o me hago un sándwich de jamón —replicó el niño mientras se frotaba las manos esperando haberla convencido.

Al  ver la cara de su hijo y los amigos, otorgó el permiso con algunas condiciones: no hacer ruido en la noche, llamarla al despertar y no salir de la privada hasta que ella regrese a la casa.

Pese a que casi era medianoche, para no dejar hambriento a su pequeño, comenzó a preparar huevos duros, huevo con salchicha y atún con mayonesa, y le enlistó los alimentos que había para comer, como pan tostado, mermelada y jamón, además de lo que ya había preparado.

Al siguiente día, María, la madre, salió muy temprano, despertó a su hijo Felipe para avisarle que ya se iba, lo persignó y le recordó las indicaciones enlistadas en la noche anterior, entre ellas marcarle en cuanto despierte.

Las instrucciones fueron cumplidas en su totalidad, le avisaba si salía de la casa para jugar y con quién salía, también le llamaba para informarle lo que hacía en la casa, y se reportó en todo momento.

Por la noche, María regresó, además de cansada, con la esperanza de que hubiera quedado comida porque no tenía ganas de cocinar y tampoco le dio tiempo de comprar más enseres para llevar al hogar. 

Al entrar, el hogar estaba limpio y el pequeño acostado en la cama de su cuarto viendo películas. Todo bien hasta que se dirigió a la cocina y Felipe interrumpió.

—Ma, mis amigos dijeron que estuvo muy rico el atún y el huevo con salchicha, todo se acabó, hasta los huevos duros que dejaste, pero quedó el pan tostado, la mermelada y el jamón. María suspiró, estaba tranquila porque no pasaron hambre, aunque un poco enojada porque solo pudo preparar un café y pan tostado con mermelada para comer.

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