Un adulto responsable
Y es tanta mi fe, que aunque no tengo jardín, ya compré la podadora…
Animal nocturno – Ricardo Arjona
En estos días me he estado acordando de ti, te extraño, te extraño cuando veo Bob Esponja, cuando me acuesto con el peluche de Rayas… y cuando veo tu foto, te extraño mucho más. No creo estar ni siquiera cerca del adulto que tú pretendías que fuera, pero lo intento cada día.
Sonrío, rezo y trato de estar lo mejor posible, de seguir los consejos que me dejaste en aquella carta que al fin pude recuperar y de creer en esa frase tan trillada que debe ser cierta: “Dios necesitaba almas buenas y por eso te llevó con él”.
A veces me siento tan perdido, tan fuera de lugar, tan desanimado… pero procuro que no se note, que nadie se entere que la paso mal o que mi vida no es color de rosa. Pero tú, que me conociste mejor que nadie, sabes que a pesar de los pesares jamás me voy a rendir.
Ya tengo 30, ma, y siempre me imaginé que estaría en la cima del mundo, triunfando en el periodismo deportivo y construyendo la familia que siempre he querido tener, pero no. La vida me mostró otro camino.
De la familia, no pierdo el anhelo, la ilusión… pero las cosas son difíciles, como suele decir mi papá: “No es lo mismo los Tres Mosqueteros que 20 años después”, y no quiero que la desesperación se apodere de mí a la hora de tomar una decisión tan determinante, por eso me lo tomo con calma, quizá cuando sepa cuidar a un gato, encuentre el equilibrio para elegir sabiamente, mientras tanto, trato de ser productivo en otros ámbitos.
Del periodismo, no fue la rama soñada, pero estoy aquí, viviendo el sueño, escribiendo para vivir y con toques esporádicos del mundo futbolero. Me gusta creer que los sueños no han cambiado, solo sufrieron un pequeño “twist”.
Mi papá por fin se jubiló, pero parece que trabaja más que nunca, aún así lo siento contento, feliz, dichoso y tan dicharachero como siempre. Sé que no te olvida, y lo reafirmo cuando suelta sus “chistes de mal gusto” que a veces finjo no entender para no llevarme también la regañada, pero de los que tú, estoy seguro te reirías.
No tengas duda de que mis hermanos serán los mejores profesionistas en el área médica y que sabrán ser humanistas cuando así se requiera, porque nos dejaste una gran maestra que supo inculcarnos la empatía y la responsabilidad.
Lástima que no supimos ser un poquito más ordenados, ese siempre será el pie con el que cojeamos, pero al menos hoy sé que los defectos también son parte de la herencia familiar.
Te mando un saludo mamá, y espero que desde la nube en la que estés nos bendigas constantemente, porque nosotros no te olvidamos y vaya que necesitamos esa vigilancia.
Nota: Un beso a las mamás que nos faltan en la tierra, pero nos cuidan desde el cielo.




