Número desconocido

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No fue una sorpresa lo que encontró en el celular de su aún marido, lo duro fue confirmar que las sospechas que tenía desde hace tiempo eran correctas, fue la prueba que siempre le pidió al creador y ahora que la tuvo no supo la forma correcta de tomarlo.

Primero se llenó de rabia, coraje y odio, mientras repasaba varias veces las fotografías en donde besaba a otra mujer que no era ella, tratando de encontrar el mínimo detalle que le diera una pista más para encontrarlos con “las manos en la masa”.

Aunque esa misma furia también la llevó a recrear escenas en donde los amantes tenían un final cruel, pues recordó la frase “lo que mal inicia, mal acaba”, pero luego se arrepintió porque, aunque lo odiaba, no quería desearle una tragedia.

Después de la furia, inició el llanto, ese que no puedes contener y que te impide hablar e incluso respirar, pero ahora reviviendo los momentos en los que eran felices, tratando de encontrar el error que provocó el cambio.

Cuando ya no tuvo más lágrimas comenzó a idear la venganza, aquella en la que pudiera desahogar todo lo que todavía se le quedó adentro y hacer que el infiel se sintiera un gusano de agua puerca.

También pensó en los golpes, pero después de lo que vió sabía que estaba en desventaja, pues matemáticamente eran dos contra uno, y no saldría bien librada de la primera batalla para defender y reclamar su honor.

Finalmente, con el cúmulo de pensamientos, ideas, sentimientos y el cansancio por el llanto, se quedó dormida con el celular en la mano, sin pensar que el hombre que fue su compañero, regresaría en cualquier momento para buscarlo.

Permaneció dormida por al menos dos horas, y fue el trueno de un relámpago lo que la despertó de manera inmediata, y percatarse que sostenía el celular en las manos, lo que aprovechó para dejarlo en el lugar donde lo tomó.

Puso a hervir agua y se dirigió al cuarto a ponerse una prenda cómoda, al regresar a la cocina preparó un café, regresó a la habitación y su celular comenzó a sonar, era un número desconocido, pero de todos modos respondió.

Se trataba de un servicio de emergencia, su aún marido había sufrido un accidente automovilístico de regreso a su casa para recoger el celular olvidado, y lo curioso era que el único número que recordaba era el suyo.

Quedó en silencio unos minutos, no sabía lo que debía hacer, aún se encontraba en “shock” por el primer golpe de las evidencias, y ahora por el accidente, respiró profundamente y contestó “díganle que haga memoria y recuerde el número de su amante, porque desde hoy, oficialmente dejé de ser su esposa”, y colgó.

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