PIDO LA PALABRA
La historia nos indica que la vida es un constante movimiento de hábitos, de conceptos, de metas, es un permanente devenir de cosas nuevas y por lo tanto, algunas de ellas impredecibles; para las mentes positivas “el cambio” es un reto, es la oportunidad de probar que lo aprendido no ha sido tiempo perdido; “el cambio” sirve para encubrir a los que tienen un carácter indomable, pero también para desnudar a los mediocres.
De estos últimos, agazapados en su sistemática monotonía, se sienten vulnerables en el momento que saben que ahora sí tienen que salir de su zona de confort, que ahora sí se verán forzados a trabajar, a estudiar, a ganarse los privilegios con esfuerzo y no con acciones solapadas por gente chambona y chambista.
El emprendedor no teme al cambio, incluso le favorece, pues está convencido que, como decía Heráclito, “nadie se baña dos veces en el mismo río”; el emprendedor es un visionario, es un apasionado del cambio, pues confía en su capacidad y su persistencia lo lleva a convertir aquello de poco valor en una idea ganadora.
El espíritu del ganador lo lleva siempre a terminar los proyectos que inicia, y siempre estará de acuerdo que aquello que lo detiene debe hacerlo a un lado, pues al final sabe que terminar es ganar, le ganó a la apatía, le ganó a su natural temor, pero ese temor lo convirtió en su fuerza.
A la historia solo pasarán los que lograron vencer sus miedos, los que saben que aunque los perros ladren tienen que seguir avanzando; un ganador se caracteriza por vencer, se caracteriza por lograr.
La vida no es un juego de póker que debe dejarse a la suerte; la suerte y los mediocres van de la mano; cada uno debe ser el constructor de sus propias circunstancias, debemos forjarnos nuestra propia suerte y nunca permitir que algún espíritu negativo nos quite nuestra energía positiva y la transforme en displicencia y conformidad.
A ti joven que me lees, jamás tomes partido por la inamovilidad que nos concede la zona de comodidad propia de los mediocres, eso es un atentado a la inteligencia humana, por ello, no temas al cambio, no te subestimes al grado de tener pavor al futuro, pero tampoco te subestimes al grado de descuidar los detalles propios de la vida.
Entiende que nada es para siempre y que solo los ingratos despotrican de su mala suerte, tratando de culpar al resto del mundo de lo que ellos no fueron capaces de defender con capacidad y espíritu emprendedor.
Hoy más que nunca debemos estar conscientes que nadie debe decidir por nosotros; los gorilas de ambos extremos están al acecho, no dejemos que ellos decidan nuestro destino.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.



